SOBRE LA EQUIPARACIÓN Y EL OLVIDO


Conducirnos hacia la equiparación y el olvido ha sido uno de los mayores éxitos del comunismo isleño. Al escuchar a mis compatriotas aquí en Miami compruebo que muchos de ellos son víctimas del síndrome de la Mesa Redonda, ese engendro publicitario blasonado por Randy Alonso.

La lluvia ácida del “sistema” ha logrado convencer a muchos cubanos de que “esto es igual que aquello”, poniendo en igualdad de condiciones a la más exitosa de las democracias con la más longeva de las tiranías familiares. Lo han conseguido con el férreo control de la información, la educación y la cultura durante décadas. Los cubanos no vimos el alunizaje de la Apolo XI, ni pudimos disfrutar las imágenes de un mundo que cambiaba al ritmo de los Beatles y nos creímos el cuento, al menos por unos días, de que en Granada, la islita caribeña que estrenaba aeropuerto para la subversión y el narcotráfico, los soldados cubanos habían muerto abrazados a la bandera en el último reducto de heroica resistencia ante la intervención americana. Todavía me parece escuchar a Manolo Ortega en compungida oratoria mientras el coronel Tortoló corría hacia la embajada soviética.

Nada lo ilustra mejor que el viejo chiste sobre el encuentro de Napoleón y Fidel en el más allá:

“Emperador, le admiro, si yo hubiera tenido su caballería la victoria socialista en América Latina sería un hecho”

“Comandante, yo le admiro más, porque de haber tenido el periódico Granma los franceses no se habrían enterado nunca que perdí en Waterloo”

La información es poder y los comunistas lo saben, por eso han mantenido un absoluto control sobre los medios, limitando el uso de la internet hasta donde han podido. En cualquier caso el éxito es inmenso, porque han logrado convencer a una ingente cantidad de cubanos de que los males del comunismo y las democracias liberales son equiparables; una percepción que se acrecienta entre los exiliados de hoy ante la necesidad de sobrevivir en una realidad para la que no han sido entrenados. Hay varias frases del argot popular que resumen este sentimiento, pero sólo voy a citar dos de ellas: “Esto es el comunismo sin libreta” y “Vinimos para la Yuma, pero esto es la llama”. La primera es absolutamente falsa, la segunda evidencia la realidad de que la libertad es hermosa, pero quema, porque la meritocracia ofrece grandes oportunidades, pero solo a partir de la honradez, la superación y el trabajo.

Es cierto que el capitalismo no es el Edén, hay políticos que se corrompen, empresarios que se corrompen, periodistas, artistas, médicos y mucha gente ordinaria que se corrompe, pero también es cierto que hay mecanismos para denunciar y controlar la corrupción. Es cierto que se cometen injusticias, pero existe el modo para reparar muchas de ellas y aunque el sistema legal no es perfecto ofrece las garantías necesarias para que recurramos a él en vez de huir o tomarnos la justicia por nuestra mano. Es pernicioso repetir el mantra de la equiparación, porque una mentira que se repite no se convierte en verdad, pero hace mucho daño.

Con la equiparación o junto a ella, el control de la información ha conseguido algo que quizás es peor. El olvido de las víctimas es el mayor triunfo de la tiranía y la más dañina consecuencia de sus crímenes, porque al olvidar soslayamos la naturaleza criminal de ese régimen y su doctrina. Las víctimas han sido olvidadas y en muchos casos equiparadas a sus victimarios al atribuirles alguna culpa, alguna responsabilidad que las hace merecedoras del castigo recibido. No imagino que cosa puede ofender más y aunque entre nosotros es visible el cansancio que nos hace evitar estos asuntos, no me voy a callar verdad alguna, ni memoria, que contribuya a la eliminación de esa desgracia que padecemos. Una maldad que ha hecho un daño inmenso a los cubanos y que es preciso liquidar cuanto antes. sd

LOS OBISPOS Y EL REFERÉNDUM

Los obispos de Cuba se han pronunciado, el texto constitucional no les gusta, al fin y al cabo el paripé legislativo es más de lo mismo, una maniobra dilatoria para la perpetuación del comunismo isleño. El marxismo-leninismo, esa ideología del terror y la miseria, seguirá rigiendo el destino de la nación, “solo en el socialismo y el comunismo el ser humano alcanza su dignidad más plena”, la revolución de los Castro tiene sus dogmas, no importa que la realidad los contradiga, la realidad no importa cuando se vive en un mundo de privilegios y opulencia.

Los obispos no han querido tragar esta nueva dosis de jarabe totalitario e insisten en que “la pluralidad debe ser salvaguardada en la constitución”. En realidad, esta constitución no salvaguarda nada para los cubanos, no salvaguarda los derechos fundamentales recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni recoge reconocimiento alguno a la diversidad de opinión política, ni ampara la libertad económica y de inversión en igualdad de condiciones con los extranjeros.

Tampoco ha convencido a los obispos la nueva definición de matrimonio del texto a refrendar, porque “Si bien en el nuevo texto se ha eliminado la definición de ‘matrimonio como la unión entre dos personas’, lo cual apreciamos (…), en los artículos 81 y 82 del texto actual se abre el camino para que, en el futuro, se reconozca como matrimonio la unión de personas del mismo sexo con todas sus prerrogativas”. “Según la definición de familia que aparece en los artículos citados se introduce la posibilidad real de que, en las leyes complementarias posteriores, no se respete el sentir y la voluntad expresada mayoritariamente por nuestro pueblo, la cual ha defendido la institución del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer”. Y por supuesto, ni hablar del derecho de los padres a escoger la educación de los hijos.

Nadie debe de extrañarse, todo esto tiene sentido en la lógica totalitaria, la Revolución no es otra cosa que un mal, una maldad sangrienta que se resiste desaparecer. Lo que ganaron matando no lo van a soltar por las buenas, el poder es una posesión, un feudo.  No hay avance en el respeto a ningún derecho, ni político, ni económico, ni religioso. Los obispos lo saben y le recuerdan al régimen “que la libertad de practicar la religión propia no es la simple libertad de tener creencias religiosas, sino la libertad de cada persona a vivir conforme a su fe y de expresarla públicamente, teniendo por límite el respeto al otro.”

La libertad es el peor de los asuntos para el régimen comunista, los obispos han invitado a votar responsablemente y según la propia conciencia. Ellos, a plena luz del día, han corrido el riesgo de escribir una carta pastoral que desaprueba esta propuesta constitucional. Los católicos cubanos tienen una valiosa oportunidad de decir NO en la consulta, es hora de que los carceleros sepan que el número de hombres y mujeres libres va en aumento, en estos días de franca incertidumbre para los tiranos las cifras de la libertad tienen peso.

AIDITA Y EL CHE

Aidita y el Che

Aidita siempre me decía que el Che era un asesino, yo iba hasta su casa en la calle Espada para pelarme porque en la Habana hubo un momento que no había barberos y a Lope el Palomero, mi barbero de siempre, le había dado un infarto.

El Che Guevara le mató el primer novio a Aidita, está de más decir que no podía ver al “guerrillero heroico” ni en pintura. Afortunadamente, Aidita estuvo varios años sin visitar mi casa, así no pudo ver cuando quitaron el Sagrado Corazón de Jesús y pusieron un afiche del Che. Yo me di el gusto de botar aquella foto años más tarde, de colocar otro Corazón de Jesús en la sala, aunque este no era tan lindo como el otro, que se deshizo de viejo en la humedad de un armario.

Aunque a Aidita la gente no le hacía mucho caso, yo le creía. ¿Para qué iba a inventarse aquella historia? ¿Para qué iba a contármela? Rodeada por sus gatos, mientras me daba los cortes en la patilla con una navaja, hablaba a veces de su primer amor, con ira todavía y desconsuelo. El difunto Bobby era chofer de un patrullero, lo fusilaron en los primeros días, sin el debido proceso, como a todos. Puede que Bobby cometiera algún crimen, puede que no. El Che fusiló a muchos que eran inocentes y a otros cuyo único delito fue rebelarse ante el nuevo orden que se avecinaba, son crímenes que están documentados por instituciones y libros, son crímenes a los que nadie hace caso.

A veces me pregunto qué haremos con la estatua del Che cuando se caiga aquello, en Rusia hay estatuas que nadie quiere, pero al estar protegidas por las leyes que amparan a los monumentos no se pueden destruir; puedes comprar una cabeza gigante de Lenin y ponerla en tu patio, pero está prohibido convertirla en relleno para una cancha de tenis, lo mejor del comunismo son las herencias que deja. Aidita me confesó lo que haría con la estatua del Che que está en Santa Clara, la fundiría para hacer un tibor, estoy seguro que al tibor de Aidita no le faltarían usuarios, yo el primero.

Lo más grave de cualquier porvenir no es el destino de las estatuas candidatas a tibor o a gravilla, sino el olvido que confina a las víctimas. El olvido agravado en el tiempo, que las va relegando con fortuna a algún párrafo compartido con sus victimarios. No es ese el olvido que ayuda a sanar las heridas, es la arrogancia de pensar que el presente lo realizan sólo los vivos.

Aidita sigue en Cuba, nunca fue cederista, ni de la FMC, jugaba a la bolita, ponía La Voz de las Américas y Radio Martí a todo volumen, no tenía miedo de meterle un escándalo a la del Comité. Desde siempre ha vivido de sus oficios: costurera, barbera, zapatera; siempre al margen de la ley, siempre en Cayo Hueso, en la misma cuadra y en la misma casa. Dos de sus hijos están en Miami, pero en la Oficina de Intereses no le dan la visa para venir de visita. Ella me ha dicho que no se va a quedar y en esta ocasión también le creo, como muchos cubanos va esperar en Cuba su oportunidad. Sus hijos la quieren aquí, pero yo comprendo que no se quiera ir, ella ha esperado durante mucho tiempo para ver el final.

Yo, como Aidita, también creo que aquella dictadura un día ha de terminar terminar, ayer mataron a Zapata Tamayo, mañana matarán a alguno más, pero al cabo de 51 años todavía hay gente que no se resigna a huir, gente que lleva años soñando con derretir la estatua de Ernesto “Che” Guevara, para acabar con la maldad y sus símbolos, para vivir en paz.

QUÉ HACER CON EL SILENCIO QUE ME NOMBRA

QUÉ HACER CON EL SILENCIO QUE ME NOMBRA
y llega con la brisa de la tarde
y es gemido la luz y todo acaba
o parece acabar en el crepúsculo.

Hay un silencio que me dice
marcha,
usa tu voz para nombrar las cosas,
convencimiento de un Amor sin fondo.

Sé que eres Tú quien mueve ese silencio,
Dios sabedor de mis tribulaciones,
poderosa quietud que dice “avanza”
y me deja tan libre como siempre
el silencio expectante
que me abarca.

EL TIEMPO SIEMPRE ES CRUEL CON LOS POETAS,

EL TIEMPO SIEMPRE ES CRUEL CON LOS POETAS,
esos seres inútiles que pasan
la vida entre palabras,
con una urgencia o una angustia
viven,
si es que vivir describe su rutina,
su existir malogrado,
su certeza,
de que todo será como soñaron,
aunque no han de beber su sueño hermoso,
esa utopía siempre descriptible.

Ambicionan la muerte del guerrero,
los bendice la lluvia y el olvido.

HAY UN GRUPO DE VIEJOS QUE SE REÚNE

HAY UN GRUPO DE VIEJOS QUE SE REÚNE,
te puedo asegurar
que siempre son los mismos,
seguros y felices de ser siempre los mismos.
Han custodiado el fuego de una idea,
de una pasión, de un cántico,
y las llamas susurran
un verso inteligible,
un mandamiento que nunca han escuchado
porque Dios es a ratos un poco impertinente,
con esa cantaleta de pensar el relevo.

Hay un grupo de viejos
seguros y felices,
mientras la muerte acerca
las ramas hacia el fuego.

TEMEN LA INUNDACIÓN

TEMEN LA INUNDACIÓN
el gran baldeo,
la limpieza de las mujeres limpias.

Son las ratas que huyen,
animales,
con sus dientes marfil
esmerilados,
se mueven sigilosas por el tiempo,
por las trampas de grasa,
por los caños,
del miedo y sus palacios.

Ratas con la sonrisa desenvuelta,
peligrosa estampida
de astutas ratas negras.