LA CRUZ DE BRONCE

La cruz de bronce es la segunda novela de Elvira de las Casas que publica la Editorial Silueta, la he leído con el mismo gusto con que leí la primera. Ese es uno de los denominadores comunes de la narrativa de Elvira, se lee con gusto, lo que es de agradecer en el ámbito de la literatura cubana actual.

La cruz de bronce mantiene el mismo nivel de calidad literaria que Doce mensajes a Hércules, su predecesora, evidenciando un modo de narrar que ya es estilo. A diferencia de su primera novela, esta segunda obra plantea una estructura más compleja; la autora se ha propuesto jugar con la máquina del tiempo y en esas idas y venidas por la intrahistoria consigue la verosimilitud necesaria para unos personajes que viven en contextos y épocas muy diferentes.

Un libro con este grado de coherencia no se escribe con facilidad, el resultado que ahora podemos apreciar  es sinónimo de un talento que ha dedicado cuantiosas horas al oficio de escribir. Mucho ha debido investigar la autora para traer hasta nuestro tiempo La cruz de bronce,  un relato que nos lleva con gentileza a los antiguos conventos y aldeas de Castilla o nos hace pasear por las ciudades de Cuba cuando las calamidades de la Guerra de Independencia no consiguieron  privarlas de todo su esplendor y decencia.

Es de agradecer que el discurso narrativo aproveche a cabalidad aspectos como la religión y la sexualidad sin caer en la tentación de repetir los lugares comunes de lo vulgar, lo grotesco  o lo “políticamente correcto”, extremos casi inevitables en una buena parte de la literatura de nuestros días. Con el pretexto de una cruz, que acompaña a las protagonistas de esta historia por diferentes épocas y lugares, este libro nos cuenta, en gran medida, la historia de todas las mujeres del mundo, que es, en cualquier caso, una historia de lucha por la supervivencia  en un mundo regentado por hombres. Las heroínas de La cruz de bronce sobreviven con uñas y dientes, con pasión o zalamería, con un acto de resistencia o entrega, pero no sacrifican su feminidad; descubren, de un modo u otro, que su fragilidad es su fortaleza, y mujeres al fin, no renuncian a la maternal oportunidad de aleccionarnos, y a su manera decirnos, que nadie puede vivir con tanta fuerza como una mujer, que nadie tiene un conocimiento de la vida tan profundo.

La literatura de Elvira consigue esa justicia poética que refleja la justicia de Dios y se adelanta a la justicia de los hombres, un valioso elemento que se hace presente en Doce mensajes a Hércules y se repite en este nuevo libro;  el tratamiento a la figura de Valeriano Weyler, quien queda condenado al ridículo en estas páginas, es el mejor ejemplo de ese acierto.

Es de agradecer también que el recorrido de esa cruz nos contagie el orgullo de nuestro origen y cierta nostalgia de futuridad. Ahora sólo me queda felicitar a la autora y esperar la próxima entrega; mientras tanto, los exhorto a leer La cruz de bronce, esta nueva novela de la escritora Elvira de las Casas, la más reciente propuesta de la Editorial Silueta.

 

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