GERMÁN MIRET Y EL ACTA DE LOS MÁRTIRES

Germán Miret y el Acta de los mártires

En la Catedral de La Habana hace ya muchos años encontré una cuidada edición en papel biblia del “Acta de los mártires”. Aquel libro, que comenzaba con el relato de la lapidación del diácono Esteban, fue un gran descubrimiento para mi curiosidad de neófito, los acontecimientos que en él se narraban me revelaban un tipo de heroicidad, que en aquel entonces, yo desconocía. Era a la vez una advertencia del riesgo, siempre latente, que supone la adhesión al cristianismo.

“Mártires de la Iglesia en Cuba”, ese libro que ha escrito Germán Miret, me ha dejado con la misma impresión de aquella primera lectura del “Acta de los mártires”. Y es que hay libros que edifican e inquietan a la vez, esto consigue el autor con esa colección de semblanzas escritas con un lenguaje austero, que prescinde de cualquier intento de lirismo. La vitalidad de lo que aquí se cuenta puede relegar los adornos, la sobria narración de estas vidas es suficiente para recordarnos la consistencia ética y la fe recia de una generación de laicos católicos cubanos.

Después de leer estas “actas” se hace evidente que la motivación de estos hombres y mujeres en su lucha por la libertad era profundamente cristiana. Sería un grave error presentarlos sólo como patriotas, despojándolos de la fe que le dio sentido a sus vidas.
Así, en estas páginas descubrimos la historia de unos novios que desafiaron el cerco del G-2 para casarse ante un ministro de la Iglesia, que conmovido rehusó aceptar la limosna que le ofrecían, porque esa era “la unión más pura” que había presenciado en su larga vida de sacerdote. Este matrimonio católico moriría pocos días después en un enfrentamiento con la policía política.

Descubrimos que hubo pilotos de combate en Playa Girón, que al saber que su avión no podría aterrizar, dedicaron los últimos minutos de su vida al sacramento de la reconciliación y con gran serenidad confesaron sus pecados al capellán militar por la radio del avión.

Descubrimos el testamento espiritual del joven agrónomo Rogelio González Corzo, cuya mayor angustia ante la muerte inminente se evidencia en este párrafo que no puedo dejar de citar:
“Padres, hermanos, sólo tengo una terrible preocupación, pero confío que siendo mi última voluntad esta preocupación deje de serlo y se convierta en una gran alegría, ella es la vida espiritual, la vida religiosa de ustedes. Saben que siempre mi preocupación fue la Religión Católica y tratar de hacer la voluntad de Dios; en estos momentos estoy seguro que la estoy cumpliendo y quiero que esta muerte mía, de la cual deben sentirse orgullosos, sirva para que ustedes papá y mamá, me hagan la promesa de ir a misa todos los domingos y de confesar y comulgar los dos y después hacerlo regularmente”.
Recomendaciones parecidas deja González Corzo para el resto de su familia y resulta muy difícil no conmoverse ante tal testimonio. De este modo, semblanza tras semblanza, aparecen ante nosotros los nombres propios de unos hombres y mujeres que los católicos cubanos tenemos el deber de conocer.

Quiero agradecer a Germán por este libro, difícil será la paz si no restauramos la verdad, si no rehabilitamos a las víctimas, si no apreciamos en su justo valor la sangre de estos mártires de la fe y de la patria. Mucho nos queda por andar en el camino de la libertad, este libro nos ayuda en ese camino, yo lo he leído con admiración y respeto, los invito a que ustedes hagan lo mismo, les aseguro que es alimento para el espíritu, claridad para el futuro de Cuba, para el cambio profundo que la nación necesita.

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