ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE UN EDITORIAL DE ESPACIO LAICAL…

Algunas consideraciones sobre un editorial de Espacio Laical y una conferencia de Roberto Veiga
25 de abril de 2012

Acabo de leer en el blog del escritor y ensayista Enrique del Risco (Enrisco) una exhaustiva reseña sobre la conferencia que ofreció el Sr. Roberto Veiga, editor de Espacio Laical, en el Bildner Center de Nueva York. Las consideraciones de Enrisco, que invito a leer con detenimiento, me han hecho recordar que hace unos meses los editores de Espacio Laical publicaron un editorial titulado “Rectificar el rumbo” donde se abordaban los mismos tópicos que ahora se reseñan.

En dicho editorial los señores que se ocupan de Espacio Laical invitaban al gobierno cubano a “rectificar el rumbo” desde una curiosa perspectiva: “sería inconveniente contener la esperanza en los grandes cambios y dejar pasar el tiempo para que otros, más adelante, sean quienes los lleven a cabo”.

No quedaba claro en el texto por qué sería “inconveniente” que “otros” hagan los cambios. Inconveniente para quién, faltó por aclarar a los editores de Espacio, que se expresaban como si tuvieran alguna garantía de que Raúl y sus allegados harían los cambios y los harían bien. Garantía de unos cambios hacia la “democracia” que emanaba de la evidente confianza que estos editores tienen en Raúl Castro, devenido en la “única” esperanza para alcanzar dichos cambios.

Este enfoque de Espacio Laical, que se reitera en la conferencia de Veiga, me produce cierta perplejidad, porque si bien la Iglesia se ha dirigido a los que gobiernan en Cuba con exigencias que evitaban el franco desafío, nunca antes ninguno de sus voceros lo había hecho desde la perspectiva de que es el dictador el único “conveniente” para realizar los cambios que conduzcan a Cuba por el camino de la prosperidad y la democracia. La conferencia del Sr. Veiga, que al ser el editor de una publicación de carácter eclesial privado, habla también a nombre de la Iglesia, parece confirmar que esta confianza ilimitada en Raúl Castro es el eje de una estrategia que ensayan algunos. Una estrategia, que dicho sea de paso, no creo que compartan la mayoría de los laicos, religiosas, sacerdotes y obispos de la Isla.

Es preciso señalar que algunas de las ideas expresadas por estos editores en “Rectificar el rumbo” indicaban, que además de “confiar” en el General Presidente, también persistía una relativa “esperanza” en el llamado sector reformista (que probablemente existe pero que aún no conocemos) y en alguna medida en ellos mismos, los editores de Espacio Laical, que de un modo impreciso se incluían en la fórmula. Por eso, con un extraño lenguaje para una revista católica, se apuntaba en aquella ocasión que “cualquier reforma que aspire a trascender tiene que pasar por la innovación política, y esta última no ocurrirá si no comienza por el PCC, organización llamada a liderar los cambios que hemos de realizar”. (El subrayado es mío)

Pero esto no es todo, los editores de Espacio Laical y el Sr. Veiga, también expresan con cierta frecuencia una conmovedora confianza en la renovación de algo que llaman “Pacto Social”, cosa que no sabemos si existió alguna vez, pero que ellos dan por cierto con una fe casi religiosa. Según estos señores ese “Pacto Social”, que se forjó entre la ciudadanía y la Revolución, ha permanecido con sus más y sus menos durante estos fatigosos cincuenta y tres años. Como es natural, ese “Pacto Social” ya está un poco maltrecho y tiene que renovarse por el bien de la nación. Aunque la renovación de esa ficción política no ha ocurrido (nada hace pensar que la nación o Raúl Castro quieran renovar el supuesto pacto) Veiga y sus colegas están convencidos de la necesidad de hacerlo. No me asombra, por tanto, que el Sr. Veiga nos ofrezca la certeza que los cubanos de la Isla preferirían una “solución de izquierdas”.

Estos señores, que confían en tiranos como Raúl Castro y en abstracciones como la supuesta renovación del Pacto Social, nunca han confiado en los demócratas cubanos que se oponen de un modo pacífico a esa tiranía. Esos sujetos “inoportunos” reclaman sus derechos ante un gobierno totalitario y a veces, hasta se atreven a criticar a la Iglesia Católica. Un grupo de “majaderos” que disgusta a estos editores y los distrae de su “misión orientadora” en distintos foros eclesiales.

Su probada fe en tantísimas cuestiones tampoco les alcanza para esa realidad heterogénea que llamamos Exilio, porque los exiliados casi somos peores que el gobierno cubano, de un tiempo a esta parte enfundado de “buenas intenciones”.

Y es que para los editores de Espacio Laical los que vivimos de este lado del charco somos en general una amalgama de nostálgicos pendencieros; una pandilla de plattistas liberales, socialdemócratas y democristianos que hemos de purificarnos en la humillación de las horcas caudinas auspiciadas por algún nuevo delirio.

Estos editores de Espacio Laical también se han caracterizado por ensayar y exigir a los demás la “crítica bondadosa” hacia el gobierno cubano. Esta modalidad crítica, que ellos asumen con presteza, se pudiera resumir con un “queremos echarte una mano compatriota Raúl”. Algo que parecen anhelar desde sus páginas a menudo difíciles y sus frecuentes alocuciones. Lo que sí es evidente es que ellos han puesto grandes expectativas en la sucesión y han contribuido de un modo notable a propagar el espejismo de unos cambios, que hasta el día de hoy, no pasan de ser frágiles reformas revocables. Todavía ubican en un lugar indefinido la trabazón de dichas reformas y el mismo Veiga insiste sin recato en la voluntad reformista de altas instancias del gobierno cubano y en el mismísimo Raúl Castro. Le zumba el mango.

No obstante, se traslucía cierta frustración en aquel editorial que invitaba a rectificar el rumbo pocas semanas antes de algún congreso raulista. Es comprensible esa frustración, pasan los meses y no hay cambio sustancial en la Isla, ni siquiera la visita del Papa marcó la excepción para los déspotas que gobiernan en Cuba.

Quizás los editores de Espacio Laical y sus auspiciadores lleguen a comprender alguna vez que su excesiva confianza en los “cambios” de la Familia Castro los puede convertir en parte de la farsa. Asistimos a la refundación de la tiranía. Raúl no manifiesta mayores señales de necesitar la ayuda de nadie, ni siquiera de estos “intelectuales católicos” que afirman con energía su voluntad de evitar a toda costa el derrocamiento, sea por medios violentos o pacíficos, de esa tiranía que los desprecia. Es probable que el tiempo regale a los editores de Espacio una lección al margen de lo aprendido en el rigor de la academia: los Castro sólo rectifican el rumbo los milímetros necesarios para mantenerse en el poder. Las reformas que anhelan los impacientes editores implicarían la pérdida del poder absoluto y esa variable no entra en el plan de la familia Castro-Ruz-Espín y allegados.

Así, desde la opción que esta revista asume, y que el Sr. Veiga reitera en su conferencia, no se percibe otro remedio que alertar y esperar, esperar y alertar a las altas instancias del gobierno, con infinita paciencia, hasta que el Partido –entiéndase Raúl Castro o su sucesor dinástico- ejecute “el milagro”.

Mucha confianza en un poder de este mundo expresa los editores de Espacio Laical con el Sr. Roberto Veiga a la cabeza, olvidando acaso que sus palabras no sólo los representan a ellos sino al Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de La Habana y de algún modo a la Iglesia cubana; aunque reitero, con base en más de una evidencia, que no creo que los planteamientos del Sr. Veiga y Espacio Laical sean compartidos por la mayoría de los laicos, religiosas, sacerdotes y obispos de la Isla.

La “esperanza” que ofrecen estos editores nada tiene que ver con la Iglesia. Una Iglesia que peregrina en Cuba anunciando la Verdad y propiciando el encuentro de muchos cubanos con el Dios de la Historia; ese que nos convida a la auténtica libertad, perdona nuestra arrogancia y desmiente nuestras certezas con frecuencia. Él tiene en sus manos misericordiosas el presente y el futuro. Él siempre permite modificar el rumbo de nuestras vidas, más aún si se trata del rumbo de una revista católica.

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