HAY UN HOMBRE QUE SIENTE

HAY UN HOMBRE QUE SIENTE
desdén por las hormigas,
insectos que no temen al peso de la luna,
y se resisten a las fumigaciones,
y a las lenguas armadas de ventosas,
y cualquier paladar de ácido fórmico.

Las hormigas que ahora le repugnan
un día serán las dueñas de su boca,
se comerán despacio sus amígdalas,
degustarán sus ojos lentamente,
sin rabia,
sin pasión, como un encargo
que no ha de detenerse ante el desprecio,
ante esa vanidad que le han vendido
los hábiles tratantes del mercado.

Hay un hombre que siente
desdén por las hormigas,
compañeras leales de la muerte,
oficiantes del tiempo y sus despojos.

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