MAESTRO

MAESTRO,
en estos días,
solo encuentro consuelo en tus palabras,
en tu presencia siempre silenciosa.

La lagartija que me mira,
el gato,
que apresurado pasa por la cerca,
la lluvia que llenó de dicha los canteros,
son una muestra de tu omnipotencia,
tan real e inescrutable.

Ya no tengo preguntas, ni querellas,
Tú estás y permaneces con nosotros,
Las criaturas frágiles y hermosas,
olvidadizas del Amor sin tiempo.

Todo está hecho,
se ha cumplido todo,
y en el disfrute de tu compañía
encuentro paz para esperar la noche.

Nadie me debe convencer de nada,
no quedan dudas,
las preguntas mueren,
en tu resurrección que me reclama
cuando te niego a la mitad del día.

Cuánta paciencia tienes viejo amigo
con este zigzagueante discípulo que has hecho
fiel a tu condición de Dios entero.

Gracias por el regalo de tu vida,
que también es la mía
de algún modo.

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