LA CASA QUEDÓ ABIERTA

LA CASA QUEDÓ ABIERTA,
el aguacero
pudo mojar los muebles,
se llenaron
de un hongo silencioso
los marcos de las puertas,
las esquinas que no tocaba el sol;
fueron desvencijándose las sillas,
los cuadritos de abuela,
las persianas,
que por costumbre llamábamos francesas.

La casa quedó abierta,
los murciélagos
poblaron nuestro techo,
se adueñaron
de todos los horcones;
las baldosas
tan lindas
albergaban
un gentío de pulgas y excreciones.

Todo se fue dañando
lentamente
como suelen dañarse los sueños más hermosos,
ahora solo nos quedan las ruinas de una casa,
las tejas que cayeron para siempre
se amontonan al pie de las paredes.

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