TUVE UNA GATA GRIS

TUVE UNA GATA GRIS
como de Angora,
yo era su dueño
y ante mí dejaba
su oficio de tigresa,
para ver cada noche la novela
se encaramaba en mi regazo,
atenta,
sucumbía en un sueño sigiloso.

Su muerte fue el preludio de las cosas
que cambian para siempre,
muchas cosas cambiaron
y la muerte
dejó de ser ajena.

Yo no pude asistirla en su agonía,
no estaba listo,
no podía,
no quise
saber cómo enterrarla,
y abandoné a mi padre en la tarea,
y él me ha contado ahora los detalles,
y he llorado con él aquella muerte
que preferí olvidar mientras crecía.

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