OSDANY

El otro día me enteré de que Osdany había matado a un tipo, en ese momento no supe que decir. Mira que en la Escuela al Campo le metieron galletazos a Osdany, él se hacía el dormido para no responder al ataque. Prevé, Conde y yo nos mirábamos porque nos parecía increíble que aguantara tanto. Era un abuso, pero los adolescentes pueden ser muy crueles y eso éramos: adolescentes, en un ejercicio de supervivencia.

Aunque Osdany también tenía parte de culpa, le gustaba hacerse el del ambiente y andar con los guaposos, los mismos que lo sonaban por la noche y le quitaban la llavecita de la maleta que siempre le colgaba del cuello. Una vez se lo dije “no seas tan comemierda compadre, guarda la llave de la maleta en el bolsillo” pero se puso pesado conmigo y nunca le comenté más nada.

Cuando terminó el Pre no quiso estudiar, para qué iba a estudiar si un posadero o un taxista ganaban más que un médico. Osdany era ratón pero sabía sumar, restar, dividir y lo más importante, sabía multiplicar. Fue entonces que consiguió comprar una plaza de administrador en un Punto de Leche del barrio La Victoria. Lo mismo te vendía litros de leche, que cajitas de queso crema, que una nevera de la lechería, la verdad es que fui a verlo unas cuantas veces y siempre me resolvió.

En tres años de Pre Universitario nunca tuvo una novia, pero en su nuevo oficio de lechero, con los bolsillos abultados, las mujeres se le empezaron a dar. Así se empató Osdany con un puntico de la Victoria que se tranquilizó con él. Así dejé de verlo porque yo me mudé para otro barrio y mi vida siguió por otros derroteros que no vienen al caso.

Nunca más me había acordado de Osdany porque hay etapas de la vida que uno mete en una bruma espesa que suele ser, a veces, mucho más eficaz que el mismo olvido; pero el martes pasado me encontré con un hermano suyo y entonces me enteré de todo.

Resulta que el puntico de la Victoria, ante de empatarse con Osdany, había sido la novia de varios delincuentes. Uno de ellos se les encarnó, el tipo quería volver con ella, los siguió un par de veces y se dio cuenta que Osdany tenía miedo. Desde entonces todos los días se le colaba en el Punto de Leche y le quitaba parte del dinero, después le agitó una gorra en la calle, después una bicicleta. La cosa fue aumentando, la muchacha y Osdany ya no podían ni salir a la calle porque el bárbaro los sofocaba donde quiera que los encontraba.

No sé por cuánto tiempo se prolongó el asunto pero Osdany afiló la punta de de una de las cabillas que usaba para arrastrar las cajas de mercancía, esa tarde no cerró con prisa el Punto de Leche, se quedó esperando a que el hombre llegara. El hombre llegó y Osdany le dijo bajito “tú no me vas a joder a más”. Le metió la cabilla por el estómago, el tipo pujaba por sacarse aquel hierro de la barriga pero Osdany aguantó duro el arma y mirándolo a los ojos esperó a que muriera. Después se fue a la casa, se dio una ducha y cuando llegó el patrullero a buscarlo se entregó. Todavía está preso porque se complicó allá arriba y tiene varios muertos.

Aunque parezca extraño no me asombra lo que pasó, siempre tuve un mal pálpito con él, nada es más peligroso que un hombre sin carácter. Me despedí de su hermano y creo que le dije lo siento. Esa tarde sentí que en cierta forma algo malo me había sucedido; yo también, una noche de Escuela al Campo, le metí un galletazo a Osdany.

 

 

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