EL COMUNISMO CUBANO TEME MÁS A OPOSICIÓN PROVIDA QUE A HUELGAS DE HAMBRE

Nunca he simpatizado con las huelgas de hambre, comprendo que pueden ser un modo de lucha eficaz en determinado contexto, en Cuba también pueden ser fruto de la impotencia y el enojo ante un régimen criminal, en cualquier caso cuando se inicia una huelga de hambre se acepta la posibilidad del suicidio y sólo somos administradores de la vida que Dios nos ha confiado, nunca propietarios, no está en nuestras manos disponer de ella.

La huelga de hambre puede funcionar si tu oponente tiene algún escrúpulo, alguna fibra ética, ningún régimen comunista reúne esas condiciones mínimas; la estrategia de Mahatma Ghandi no habría sobrevivido al cabillazo de un mitin de repudio, a las torturas del presidio político o al implacable paredón físico y moral del castrismo.

Los militares que gobiernan en Cuba no creen en huelgas de hambre, te dejarán morir o te embutirán dos libras de picadillo de soya en vena, según les convenga, pero en cualquier caso la decisión obedecerá a un reclamo táctico porque a los comunistas cubanos la vida de cualquier persona, incluidos sus servidores, les importa un rábano.

La mayoría de los cubanos están a merced del régimen, pero una cosa es arriesgar la vida y otra es regalarla. Creo que a los oficiales de la contrainteligencia criminal le preocupa más un oposición dispuesta al rescate de los suyos que una oposición que deposita su confianza en una forma de suicidio.

No podemos derrotar al castrismo con sus propias armas, ellos son maestros de la muerte y el performance, 62 años de crimen y escenificación continua los acreditan. O acaso no recuerdan el performance de patriarca conmovido que interpretó Fidel Castro durante la visita de Juan Pablo II.

El tipo que no habría vacilado en completar la obra del terrorista Memet Ali Agca, a sueldo del Cominter, le hizo creer a muchos que sentía algún respeto por el Papa Wojtyla. Raúl Castro tampoco se queda atrás, las “lágrimas que cayeron por sus mejillas” no le impidieron completar el crimen del General Arnaldo Ochoa y aún le alcanzaron para un golpe de estado en familia cuyo símbolo redentor fue la imagen del todavía inalcanzable vaso de leche.

Si algo les preocupa a estos malhechores es el hecho, cada vez más frecuente, de unas personas que hartas del abuso policial rescatan a sus vecinos, injustamente arrestados, de los patrulleros. Estas imágenes deben perturbar profundamente a unos represores que están habituados a utilizar científicamente el miedo de sus víctimas pero que nunca han sido preparados para lidiar con su propio miedo, ese que se acrecienta cuando la terca realidad anuncia que la impunidad se les acaba.

No creo que se sientan cómodos con esta inclinación al rescate, con la multiplicación de aquellos que quizás no están listos para pelear por sus derechos pero que reaccionan ante el ancestral impulso de proteger a los suyos. Esos que impiden los arrestos o se sitúan ante una estación de policía, sean activistas, padres, intelectuales, religiosas o sacerdotes además de hacer visible su compromiso con la justicia toman partido por la esperanza y la vida, esa vida que siempre tira al monte de la libertad que tanto necesitamos.

Publicado en CiberCuba: https://www.cibercuba.com/noticias/2021-05-31-u208133-e191143-s27068-comunismo-cubano-teme-oposicion-provida-huelgas-hambre

CUADERNO PARA EL VIAJE (VI)

ERA UN LUGAR DONDE FALTABA EL AIRE
y había que pagar deudas que contrajeron otros,
a eso se reducía nuestra casa,
con las puertas cerradas
para que no llegara más desdicha,
y una lista muy larga de miserias
que fuimos aprendiendo,
lentamente,
en colas,
en atajos.

Era un lugar,
un miedo,
vulgar y colectivo,
tejido por las sombras,
por demiurgos,
que hicieron una fiesta
y lanzaron al fuego nuestros libros.

Era un país donde te desnudaban,
donde tu intimidad se desprendía de todos los pudores,
y no había que matarte porque ya estaba roto
el valor.

Por eso nos marchamos de ese lugar tan triste
y la idea de volver no es un regreso,
ni capitulación de la memoria
que pueda redimir a nuestros muertos,
las víctimas que esperan por nosotros,
y por cualquier palabra verdadera.

Nadie conoce el día final de tanta ausencia,
pero a la vuelta seremos otra cosa,
y ese país que habita en los recuerdos
será por fin la casa,
donde tenga lugar el arcoíris
o conjuro final de los demonios
que un día la sitiaron,
las tinieblas en franca retirada,
los demonios del odio y de la envidia.

Editorial Silueta, 2017.

CUADERNO PARA EL VIAJE (IV)

A LO MEJOR ES HOY Y NO MANAÑA
porque el hombre se cansa de su miedo.
Lo que invita a morir en la esperanza
es un algo vital que conservamos
del hombre que gozaba el paraíso,
los demonios lo saben y se espantan,
esa vida sin mal que nos habita
puede romper el cerco,
la coraza,
y soplar las cenizas.

A lo mejor es hoy y no mañana,
el momento preciso de la aurora,
y pobre del que espere en su balance,
del que invite al dogal de la prudencia
para no amanecer.

A lo mejor es hoy y no mañana,
porque es fácil matarnos,
pero la vida sabe de estar viva,
nadie puede torcer ese designio que viene de lo alto,
y se encuentra en hombre con el hombre.

Editorial Silueta, 2017

CUADERNO PARA EL VIAJE (III)

LAS COSAS QUE NO ESTÁN,
las que he perdido,
las que debo entregar sin resistencia,
para que nada quede en mis bolsillos,
andan en torbellino como angustia,
del soy,
también poseo,
amarrado al afecto y la discordia
de los bienes que guarda mi navaja
y retrasan el día de la entrega.

Este patio que barro cada tarde,
esas hojas que caen sin saber,
sin aferrarse al tallo que sostuvo
su fibra verde y blanca,
son el recordatorio de nuestra desnudez,
que ha de llegar al fin,
sin avisarnos.

Las cosas que no están,
las que he perdido,
presagian esa ausencia
del sol cuando acaricia los bordes de la tierra
y besa a los que duermen.

Las cosas que no están
al fin son libres.

Editorial Silueta, 2017.

CUADERNO PARA EL VIAJE (II)

LLEGARON DE OTRO REINO
y yo con ellos,
soy dueño de la tierra que encontraron,
sus huesos son los míos,
los muertos de una tierra prometida,
soy la cruz y el asombro,
los gérmenes,
la espada de los conquistadores.

No me avergüenza este linaje,
sangre de la nación que veo perderse,
en bullicio cobarde,
en ignorancia,
en miedo.

Hemos negado el alma que nos dieron
los hombres valerosos
de otro reino.

Editorial Silueta, 2017.

CUADERNO PARA EL VIAJE (I)

SE ACERCA EL FIN DE NUESTRA LARGA NOCHE
o acaso es otra burla,
otro espejismo.

En el hombre la luz siempre resiste,
poco o nada sabemos del que calla
su miedo y su tristeza.

Es peligroso el hombre en su silencio,
en su rabia de ayer que sigue viva,
hay esporas de luz que caen al suelo,
el viento las esparce
y resucita
lo que parece muerto.

Dios no abandona nunca a los que callan,
el grito siempre está en alguna parte,
la hora de sacudirnos tanto enojo,
de ajustar cuentas con la larga noche
que ha servido de manta al carcelero,
al mayoral,
al cómplice.

Cuidado con los hombres que ahora callan,
o gimen,
o se esconden,
porque el límite es parte de un misterio
que halla su amanecer.

Cuidado con el truco del sombrero
la sangre no es ajena a las auroras.

Editorial Silueta, 2017.

DISPARAR CONTRA CUBANOS ES CRIMEN DE LESA HUMANIDAD

Los militares del pan con jamón, langosta Thermidor y New York Steak derrotaron a los militares del arroz con frijoles y los burócratas del Comité Central del partido comunista deberán conformarse con las migajas que caigan de la mesa de la familia Castro-Espín, servida por el chef López-Calleja, mariscal del dólar norteamericano en Cuba arruinada; hasta que sea necesario un reemplazo, otro Murillo muerto en vida, como justificante del fracaso endémico; más de lo mismo.

La pregunta: ¿Acatarán los militares la orden que les dará la casta gobernante de disparar contra el pueblo? Esta es una pregunta que se deben hacer los militares, los policías, los miembros de las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR) y los militantes comunistas de Cuba, donde – tal y como van las cosas- el momento de tomar decisiones trágicas puede llegar en cualquier momento.

El terror de la instauración revolucionaria ha perdurado, los miles de fusilados, las largas condenas de cárcel, la vigilancia constante, el destierro prolongado y la oportuna reactivación de estos horrores han conseguido preservar el poder durante décadas, pero la cultura del miedo deja de funcionar cuando se exceden ciertos límites, cuando desde el poder se termina por negar cualquier esperanza a los cubanos empobrecidos y desiguales.

Algo hay en el hombre que lo invita a la libertad y el octavo congreso del único partido legal en Cuba es una ruta a ninguna parte, un callejón sin salida; y los cubanos lo saben.

Reitero la pregunta: ¿Militares y paramilitares dispararán contra el pueblo cubano en nombre de una utopía fallida hasta el hartazgo, dispararán en nombre de los yates, las mansiones, los viajes y las fiestas de las familias Castro-Espín, Rodríguez-Castro y Castro-Soto del Valle, y el muy selecto grupo de socios y allegados?

¿De verdad piensan que en un mundo globalizado, donde la justicia es cada vez más transnacional no habrá consecuencias? ¿Creen que disfrutarán de la misma impunidad que tuvieron los torturadores y asesinos de otras etapas de la revolución cubana?

Disparar contra cubanos por orden de un mariscal del dólar norteamericano es un crimen de lesa humanidad, que será castigado severamente en los tribunales democráticos de Cuba y el resto del mundo; no olviden, jefes y soldados, que el general Rodríguez-López Calleja está sancionado por Estados Unidos por supuestas prácticas mafiosas, lavado de dinero y financiación de la represión en la isla y Venezuela.

No se engañen puede que tengan listo un avión grande, el más grande es un Airbus A380 que no sé si puede aterrizar en Cuba, le caben apretados unos 550 pasajeros, ningún asiento está reservado para ustedes, todos esos pasajes de la huida ya tienen consignado nombre y apellidos. El oficial instructor y la avispa negra se quedarán, el compañero de vigilancia y el especialista en mítines de repudio se quedarán, para ellos y para sus familias no hay asiento de huida, no hay paraíso fiscal, ni mansión en Oviedo o Buenos Aires.

Ustedes, los abusadores de ahora, que ni siquiera se asoman a los privilegios de sus jefes, ustedes que le hacen la vida infame al opositor cubano por una jabita y una malvada comprensión del poder, deben saber que son carne de cañón y en los días de la ira no tendrán el beneficio de un jurado imparcial en La Haya.

Ojalá puedan leer las crónicas de los días finales de Nicolae Ceaucescu y evitarse el final de los seguidores del dictador rumano. Ojalá se resistan a apretar el gatillo, porque son muchas las probabilidades -desgraciadamente- de que esa orden será dada por los mancilladores de Cuba.

No se engañen soldados de revolución, policías de revolución, militantes de la revolución, ustedes sólo son el instrumental del terror, quienes detentan el poder en Cuba sienten, por todos ustedes, igual desprecio que por el resto de sus víctimas, que somos millones.

Publicado en CiberCuba: https://www.cibercuba.com/noticias/2021-04-27-u208133-e191143-s27068-disparar-contra-cubanos-crimen-lesa-humanidad

VÍCTIMAS DEL CASTRISMO NO SON CULPABLES DE LA DESGRACIA CUBANA

Los cubanos perdimos la libertad mientras presenciábamos el derrumbe de nuestros derechos, desde el advenimiento del poder y el terror revolucionarios, las políticas para quebrantar el derecho a la libertad religiosa fueron tarea prioritaria durante largos y fatigosos años en que los católicos cubanos han resistido, con estoicismo, los embates de un proyecto totalitario que nunca escatimó recursos para erradicar al cristianismo en cualquiera de sus variantes, considerando a la Iglesia Católica como el más articulado de sus enemigos doctrinales.

En una colección de ensayos titulada Iglesia, Ecumenismo y Política, el cardenal Joseph Ratzinger afirmó que la “libertad de conciencia es el núcleo de toda libertad” y que “el derecho a creer es el verdadero núcleo de la libertad” advirtiendo que “donde se derrumba este derecho, se sigue, por lógica interna, la pérdida de los demás derechos de la libertad”; los cubanos podemos dar un buen testimonio de esto.

La idea de que el conflicto Iglesia-Estado podía haberse evitado si los obispos de aquel momento hubiesen sido mejores diplomáticos y más comprensivos con el joven e impetuoso gobierno revolucionario es simplemente falsa, porque lo sucedido no puede reducirse a un malentendido gravoso que ponía en cuestión los intereses de dos instituciones. Lo que ocurrió fue un cataclismo social que trascendió el ámbito de las confesiones religiosas, abarcando la totalidad de la nación. Un conflicto que fue “resuelto” mediante la violencia y la aniquilación de cualquier disenso, dejándonos una tierra arrasada donde los vencedores siempre han despreciado la posibilidad del cambio, la negociación y el acuerdo.

La consecuencia del triunfo revolucionario fue, en esencia, un enfrentamiento entre el totalitarismo y la libertad, realidad que conserva absoluta vigencia y sólo puede resolverse, para el bien de los cubanos, si se resuelve a favor de la libertad.

Al margen de cualquier error táctico de los obispos de entonces, de la sociedad civil, de los políticos, de los militares y de los intelectuales, la realidad es que había una estrategia para la toma del poder y que el núcleo duro del grupo que tomó ese poder en los primeros meses de 1959 se ha mantenido fiel a los postulados del marxismo-leninismo, eliminando y marginando desde un inicio a los discrepantes -incluso a los de su mismo signo ideológico- y edificando un capitalismo de estado que privilegia a las familias Castro-Ruz-Espín-Soto del Valle y a sus más cercanos colaboradores, mientras la inmensa mayoría de los cubanos es excluida sistemáticamente de cualquier posibilidad de bienestar y legítima prosperidad económica.

Los obispos de entonces reaccionaron de la forma en que deben reaccionar los pastores de la Iglesia cuando ven que la libertad y la integridad de su pueblo es amenazada. La historia de la Iglesia en Cuba, durante esta etapa, es la historia de hombres y mujeres, en su mayoría anónimos, que hicieron grandes esfuerzos por salvaguardar la fe de sus padres y la conciencia de una patria libre y soberana, donde brille la verdad y prime la justicia. Hombres y mujeres que, en aras de un bien mayor, siguen buscando, a veces hasta la extenuación, una salida ordenada y pacífica a esta desgracia moral que padecemos.

Si algo define a los católicos, en este amargo accidente de la historia cubana es su condición de víctimas. Es de muy mal gusto sugerir que las víctimas tienen parte de culpa, aceptando en este y en otros asuntos la lógica perversa de siempre culpar al otro y, al mismo tiempo, desconocer la naturaleza totalitaria y criminal del régimen.

Reciclar la idea de la culpabilidad de la Iglesia a estas alturas del partido solo conduce a un ingenuo colaboracionismo con la tiranía. Esto es bueno saberlo, porque “guerra avisada no mata soldado” y la vida es corta y no alcanza para leer a MaritainGuardiniMertonUrs Von BalthasarGuittonCongarCarrettoRatzinger

Perder el tiempo es delito de lesa majestad en Cuba, reivindicando autores que nos vendieron esa malvada idea. Las víctimas no tienen culpa alguna, los que organizaron el crimen bien lo saben.

Publicado en CiberCuba: https://www.cibercuba.com/noticias/2021-04-08-u208133-e191143-s27068-victimas-castrismo-son-culpables-desgracia-cubana

EL CRISTO POBRE

Aquella imagen del Cristo Pobre conservaba un sólo devoto, también muy pobre. Este hombre venía cada tarde y estaba en oración por largo rato; todo en él recordaba las palabras del salmo: “yo confío en tu Amor”.

Se aproximaba la Navidad y una de las hermanas, recién llegada de Europa, guardó aquella  imagen pequeña  en uno de los  armarios de la sacristía, quizás pensó que en nuestras circunstancias aquella devoción no tenía sentido, al fin y al cabo todos éramos pobres.  No sabía la hermana de la existencia de aquel devoto que ahora regresaba para rezar ante el pedestal vacío de su Cristo.

El Cristo Pobre pasó  unos cuantos días metido en el armario hasta que el párroco se percató de la imagen ausente. En el Consejo Parroquial ni las religiosas recién llegadas de Europa, ni los feligreses pudieron convencerlo de la eficacia de otras devociones. Ese mismo día recuperó al Cristo de su confinamiento, lo devolvió a su columna y  muy serio advirtió  a los presentes que mientras quedara un devoto aquella imagen estaría en el templo. 

Cuando me fui de Cuba todavía estaba allí, recordándonos las Bienaventuranzas, el tesoro de los pobres de Dios.