ME ASUSTA LA CIUDAD DE MIS MAYORES

ME ASUSTA LA CIUDAD DE MIS MAYORES,
la vieja
-absorta como un pez-
tras la ventana,
el policía de azul o a cuadros,
el joven camorrista,
hecho a su itinerario de murciélago heroico
y los secretos del alambre escondido
para llegar donde no te escuchan.

Algo me invita a no salir de casa
y el miedo toma el tono rotundo de la muerte,
en el Paseo del Prado
ese niño que juega con las fauces de bronce
me hace virar la cara.

También el mar
va rodeando mi casa,
siento golpear las olas en mi puerta.

Cambien el tema,
no hablen mierda cojones,
nunca se sabe quién.

No puedo,
más miedo del que tengo,
ya nada me asusta,
soy casi un insolente,
de no sentir
que estoy muriendo.

 

ACTA DE ADVERTENCIA

ACTA DE ADVERTENCIA

Puedo guardar tu tiempo;
soy un dios.

Hermenéutica del hacha,
breve espacio en que estás
solo, olvidado, muerto.

Tengo toda la rabia,
quiero llevarme a tu mujer y lo hago.
¿Ella podría no desear a un dios?

Quedaste en mi puño
en mi estómago férreo;
yo te puedo tragar
y llevarme a tus hijas.
¿Ellas podrían no desear a un dios?

Ingrato
desertor de este miedo,
te dejaré sin palabras,
sin garganta.
No habitarás en la memoria
de los que dejaré tras de ti,
porque cualquier recuerdo
se parecerá a tu vida
y tu vida me pertenece.
¿Acaso podrías no desear a un dios?

¿Por qué miras así a tu dios?
¿Por qué?