ELOGIO DE LA ERMITA

Elogio de la Ermita

En la Ermita de Nuestra de Señora de la Caridad del Cobre los milagros vienen de lamano de la Virgen, como el vino en Canaán llegó a la mesa. Y las generaciones se saludan,  y no hay cubanos mejores, ni peores, por mencionar al menos un milagro que me llena de gozo los domingos.

La Ermita es un lugar de encuentro con el prójimo, iglesia circular que se hace manto, para encontrar a ese que está cerca, que puede ser tu esposa, tus hijos, un hermano, con el que ayer peleaste amargamente.

En la Ermita se atienden las “urgencias” y es un lugar abierto y accesible para sanar el alma. A los pies de la Virgen recupero las fuerzas para el viaje.Esa iglesia minúscula ante el mar y la opulencia de tantos rascacielos, desafía los sueños de grandeza que hacen frágil el alma de los hombres.

La Ermita es un tenaz recordatorio de la nación que todavía somos,  y vuelve la nostalgia por la tierra que un día nos quitaron, la patria que soñaron mis mayores, como un lugar propicio a la esperanza, donde sobren el odio y el verdugo.

La Ermita es un espacio sagrado que regala la fe sencilla y pura de los niños que cuesta conservar cuando se crece. Es un lugar de encuentro con la vida, hazte el presente de volver a casa.

COMO UN MANANTIAL

Como un manantial

(Un comentario sobre el libro “Una palabra más fuerte” que reúne los escritos de Mons. Agustín Román)

El periodista Julio Estorino ha compilado los escritos de Mons. Agustín Román. “Una palabra más fuerte” es el título de esta obra que recoge una parte significativa de la obra escrita por este santo obispo. El autor nos confiesa que el orden cronológico de los escritos se debió a la imposibilidad de ordenarlos por temas específicos,   no hay modo de separar el amor a Cuba y el amor a la Iglesia en los textos de Mons. Román.

“Una palabra más  fuerte”,  publicado bajo el sello de Ediciones Universal, constituye un regalo para los fieles de la Arquidiócesis de Miami y muy en particular para los cubanos. La vida de Mons. Román ha dejado honda huella en esta comunidad, pero es poco conocida para los cubanos que habitan en la Isla. Creo que el primer acierto de este libro es que permitirá a nuestros compatriotas más jóvenes asomarse a los desvelos de este santo obispo por el bien de los cubanos en cualquier parte del mundo.

Los que lean estas páginas  comprenderán que el corazón de Mons. Román nunca se fue de Cuba, que sus manos trabajaron con ahínco por la reconciliación, que su vida convidaba a la virtud porque él procuró   una vida virtuosa, cultivada en la excelencia del espíritu. Los que lean con atención este libro descubrirán que este hombre no perdió nunca a Cristo de vista porque veía al Señor en el rostro sufriente de sus hermanos y estaba listo a compartir la cruz.  Este era el talante del sacerdote que confortó a las víctimas del castrismo en todas las épocas, del obispo que defendió los derechos del preso común que llegó por el Mariel en una sucia jugada del tirano, del párroco que acogió a los balseros y al “sin papeles” de cualquier nación.

Los escritos de Mons. Román reflejan su vocación por la justicia,  un compromiso sostenido en la contemplación de la Verdad y en la práctica de la misericordia, por eso no es posible encasillar su pensamiento en los  intereses particulares de grupo alguno.  Su voz profética nos pone en la presencia de una Verdad que nos cuestiona a todos por igual, que nos incita a ser  personas auténticas y a ejercitar esa fraternidad que tanto necesitamos. Monseñor creía posible la unidad en el amor a Cuba, sin renunciar a la diversidad que es innata a cualquier grupo humano.

No tuve la dicha de ser amigo de amigo de Mons. Román, no coincidimos en el tiempo y en las experiencias comunes que hermanan a los hombres; esto no evitaba que su estampa me resultara familiar y que en mis visitas a la Ermita de la Caridad, al escuchar su prédica, saliera esperanzado; era un hombre de Dios y Dios habla con meridiana claridad a través de los hombres como Agustín Román.

Pocos días antes de su muerte bendijo a mis hijos. Mi esposa, que tiene una fe infinitamente mayor que la mía, no quiso que nos fuéramos de la Ermita sin que Mons. Román bendijera a nuestra familia. Ese día lo tengo grabado de forma indeleble en mi memoria.

Quiero terminar este comentario agradeciendo al periodista Julio Estorino por este regalo, no siempre he coincidido con sus juicios pero respeto su rigor,  admiro su prosa, su raigal cubanía y su amor a la Iglesia. Guardaré este tesoro que Estorino me ha dado, este libro, de cuidada edición, que es como un manantial.

Les recomiendo a todos su lectura y de un modo especial  a los compatriotas más jóvenes, dondequiera que vivan; ellos tienen en sus manos nuevas el futuro de la Iglesia y de la Patria,  dos amores, que como bien dice el editor de este libro, son  imposibles de separar en la vida y en la obra de Mons. Agustín Román,  santo obispo, pastor perseverante en el largo exilio.

 

Miami, 2012

PLEGARIA POR LA VISITA DEL PAPA FRANCISCO A CUBA

Plegaria por la visita del Papa Francisco a Cuba

Dios mío, ahora que se aproxima la visita del Papa Francisco a mis hermanos en Cuba quiero poner ante ti mis sentimientos y anhelos con la certeza de que Tú intervienes en todas las cosas para el bien de los que te aman. Te pido que ilumines a los que han trabajado para que se produzca este acontecimiento, para que puedan discernir el bien del mal, para que busquen, postrados ante ti, el bien de las almas y la salvación de la Patria.

“Patria es humanidad” dijo Martí y nuestro Pontífice visitará a un pueblo que se deshumaniza y sufre, responsables por ello somos todos, “Nadie está libre de pecado en cosas de Patria” afirmaba con justeza José Ignacio Rasco. Tenemos una responsabilidad como individuos y yo te pido que nos ayudes a comprometernos con nuestro destino como nación. Que nos ayudes a rebelarnos ante el mal y que la expresión de nuestra rebeldía se concrete en obras y no se reduzca a culpar a nuestros verdugos.

Tengo una limitada comprensión de tu omnipotencia y se me hace difícil esperar algo bueno de aquellos que nos han hecho tanto mal, pero Tú eres mi Dios y en Ti confío. Tu Hijo nos enseñó que han de crecer juntos el trigo y la cizaña, yo te pido, que en la confusión, la cizaña no oscurezca el trigo y que la compasión por los malvados no nos haga relativizar el mal u olvidar que existe. Una vez leí que “sacar un bien del mal es obra de los fuertes” y yo te pido que nos des la fortaleza de tu espíritu, y prudencia y valor en esta hora.

Ayúdanos Dios mío a escuchar al que piensa de un modo diferente y líbranos de juzgar sus motivaciones porque sólo Tú conoces lo que habita en el corazón de los hombres.

Líbranos de la arrogancia, ayúdanos a comprender que todo hombre puede tener acceso a la verdad, que el único modo de caminar hacia Ti, que eres la Verdad definitiva, es por la senda del respeto a la dignidad de las personas.

Si, Dios mío, ayúdanos a completar el milagro de la unidad, esa unidad en la diversidad que imploraba ante nuestra Madre María de la Caridad del Cobre el santo obispo Agustín Román.

Ayúdanos Señor a vivir con gozo la visita del Papa Francisco a nuestra Patria, permite que en este acontecimiento, además de los peligros y las acechanzas del mal, veamos también la oportunidad para que Tú obres en nuestros corazones. Ayúdanos conseguir la libertad, para que Cuba sea por fin una nación democrática y soberana, una nación en paz.

Bendice e ilumina de un modo especial al Papa Francisco y a nuestros pastores en Cuba y el Exilio, asístelos y ampáralos con tu Poder.

Mis dudas y anhelos las dejo en tus manos, con gran esperanza, porque confío en Ti.

Amén.