LES HICIERON CREER

LES HICIERON CREER
que marcarían
ellos la diferencia,
predestinados hijos de la patria
a ocupar el papel de semidioses
en un cielo pegado al cielorraso.

Los usaron en todas las batallas
y aunque se iban muriendo en cuerpo y alma
ellos querían creer en la mentira,
esa angustiosa pesadilla nuestra.

Pobre generación de atolondrados
que ha perdido la vida sin saberlo,
procónsules del mal,
tristes poetas,
aspirantes a genio.

EN LA CABAÑA MATARON A LOS MĺOS

EN LA CABAÑA MATARON A LOS MĺOS,
en la Cabaña los humillaron,
hay un foso que repite mi nombre,
porque a mí también me mataron en la Cabaña.

No es cuestión de generaciones,
ni perspectivas,
el criminal y la víctima
no son la misma cosa,
¿o es que tú aceptarías
que la verdad y la mentira
son lo mismo,
y el bien y el mal
son lo mismo?

Perdonen el fastidio de mi queja,
pero ya estoy cansado
de la comparación y el chanchullo,
no quiero que me acompañen con los culpables,
que me pongan en la vitrina con el verdugo,
como dos figuritas de un mismo cuento chino,
dos muñequitos de Lladró para el diseño
de las generaciones venideras.

DESPUÉS DE LA TORMENTA REGRESARON

DESPUÉS DE LA TORMENTA REGRESARON
y vuelven a habitar los mismos árboles
se juntan otra vez
arman el nido
y yo envidio su fuerza,
su energía,
inconmovible a tanto desamparo,
a tanta cosa rota por el viento
en la mañana triste y luminosa.

Los pájaros azules de mi patio
acunan mi cansancio sin saberlo,
salvan mi voluntad de otro naufragio,
alegran mi esperanza en tu silencio.

LOS NEGRITOS RODABAN EL ARO DEL BARRIL

LOS NEGRITOS RODABAN EL ARO DEL BARRIL,
¿tú no te acuerdas?
lo rodaban en los días de lluvia
porque en Cuba los negros “no se enferman”
y crecen con el agua,
y con la cuota magra de la Revolución.

Mi carriola era fija,
las había que doblaban pero la mía era fija,
un par de tablas y unos rodamientos
digamos que eran más que suficiente.

En la calle teníamos el muro de los viejos,
sólo hablaban de un tiempo preterido,
eran sabihondos,
mentirosos,
cálidos como este recuerdo
que se repite siempre en los inviernos,
en una libertad donde me encorvo
al peso del abrigo y la bufanda.

CUANDO YO ERA MUY JOVEN

CUANDO YO ERA MUY JOVEN LOS CICLONES
tenían algo de fiesta,
quizás porque pensaba que la muerte
nunca venía con ellos.

Nos hicieron creer que los ciclones se domesticarían,
yo era entonces un niño,
que alcanzaba las tablas a su abuelo.

Este último ciclón fue diferente,
me hizo sentir temor,
sentirme viejo
y recordé la desazón de abuelo
cuando trancaba puertas y ventanas
para esperar la furia de los vientos.

A VECES DIOS

A VECES DIOS,
a veces,
abandona el silencio
y escuchamos
su voz perturbadora.

Una amplia mayoría
de sordos funcionales
interpreta esa voz a su medida,
por eso Dios prefiere
el juicio cara a cara,
la aparente derrota de los justos,
el silencio del bien
y su silencio.

Quizás no hay otro modo de salvarnos,
ayer lo comprendí en la eucaristía
mientras el padre hablaba, hablaba, hablaba.

PARA CAMBIAR LAS COSAS

PARA CAMBIAR LAS COSAS
me prometo a mí mismo
dormir menos,
aprovechar mejor el tiempo que me queda,
ser más amable con los niños
-un día se harán hombres-,
escoger mis lecturas,
darle paso al amor
que compadece,
aborrecer los malos pensamientos,
confiar en la bondad,
mirar lo bello.

Para cambiar las cosas,
voy a modificar
algunos de mis hábitos,
incluso aquellos que un día me salvaron,
voy a vivir mi vida de otro modo,
más libre y eficaz
para los sueños,
que me han hecho mejor,
aunque yo sea
quien más me ha defraudado.

Para cambiar las cosas,
tengo este nuevo plan de estar atento
a los que amo y me aman
con la medida del Amor.