Monseñor Jaime

Mi primer recuerdo de Monseñor Jaime Ortega es de una Pascua Joven que se celebró en Peñalver, yo era un adolescente de unos quince o dieciséis años que se preparaba para recibir la primera comunión y me impactó la vehemencia de aquel hombre que estaba preocupado porque los jóvenes se esforzaran no solo en ser buenos estudiantes sino excelentes, porque Dios quería nuestro mayor esfuerzo en todos los órdenes de la vida, porque debíamos predicar con el ejemplo y testimoniar a Cristo desde la coherencia de nuestras vidas. Fue la primera vez que escuché a alguien hablar de la excelencia desde una perspectiva diferente y aunque han pasado muchos años no he olvidado la impresión que me causó aquella charla.

Poco tiempo después, al finalizar el ENEC, comencé a frecuentar la Catedral de La Habana, una iglesia que terminaría por ser mi comunidad parroquial durante varios años. Monseñor Jaime con frecuencia celebraba allí la misa dominical y presidía las grandes celebraciones litúrgicas. Fue, en todo momento,  muy cercano y cariñoso con nosotros, un grupo de muchachos que se podía contar con los dedos de una mano, tratando de sobrevivir en un ambiente que poco o nada tenía en común con los valores esenciales del cristianismo.

Monseñor Jaime siempre tenía tiempo para nosotros y era algo habitual pedirle una entrevista, una charla formal que normalmente derivaba en una larga conversación de la que salías entusiasmado. Creo que ese ha sido uno de los grandes méritos del Cardenal, la permanente invitación de mirar a lo lejos y a lo alto, contagiando la alegría del resucitado en un mundo en el que la muerte parecía poseer la última palabra.

A Monseñor Jaime le gustaba que la liturgia estuviera cuidada, que todo se hiciera con la mayor solemnidad, pero nunca expresó enojo alguno con nuestras torpezas en el altar, que dicho sea de paso no eran pocas. Creo que el Cardenal veía en nosotros algo más de lo que éramos, tenía la voluntad y la ilusión de ver aquello que podíamos ser, de desear lo mejor para esa juventud que se malgastaba en un mundo sin oportunidades. Dentro de sus estrechos márgenes de acción ha tratado, durante todos estos años, de crear oportunidades para la juventud y esa ha sido una preocupación constante de su episcopado.

Monseñor iba a la Catedral durante la Semana Santa para las confesiones, se quedaba en el confesionario por varias horas, escuchando a los penitentes en actitud de profundo recogimiento. Era indudable que disfrutaba de su vocación, no había inquietud ni prisa en aquel hombre.

El mayor amor del Cardenal ha sido la Iglesia, creo que ha querido el bien de la Iglesia y de la Patria desde una integridad moral que está fuera de dudas. Su pasión y energía por conseguir el mayor bien posible lo ha llevado a posiciones y pronunciamientos que no han estado exentos de polémica, yo he mismo he sido crítico con algunos de ellos y los he lamentado. El tiempo juzgará lo que pueda ser juzgado con la justicia de los hombres.

Siempre recordaré al Cardenal como el muchacho que fui y siempre le agradeceré todo lo que hizo por mí como el hombre que soy. Ha sido una de las personas que más ha influido en mi vida con su testimonio y su magisterio, con sus aprobaciones y sus regaños, algunos merecidos y otros no tanto, pero dados en todo momento desde la magnanimidad de un hombre que ha seguido a Jesús con firmeza, soportando el peso de una responsabilidad que pocos querrían.

En el momento en que escribí estas líneas Monseñor Jaime afrontaba la enfermedad que ha terminado con su vida en la mañana del pasado viernes, he rezado mucho por él desde que supe lo grave que estaba, es lo menos que podía hacer por el hombre que fue mi pastor, mi mentor y mi amigo. Estoy seguro de que mirará por nosotros con la generosidad que siempre lo caracterizó,  estoy seguro de que nuestra amistad no se romperá nunca y el recuerdo agradecido por su existencia me acompañará mientras dure la mía.

PLEGARIA POR LA VISITA DEL PAPA FRANCISCO A CUBA

Plegaria por la visita del Papa Francisco a Cuba

Dios mío, ahora que se aproxima la visita del Papa Francisco a mis hermanos en Cuba quiero poner ante ti mis sentimientos y anhelos con la certeza de que Tú intervienes en todas las cosas para el bien de los que te aman. Te pido que ilumines a los que han trabajado para que se produzca este acontecimiento, para que puedan discernir el bien del mal, para que busquen, postrados ante ti, el bien de las almas y la salvación de la Patria.

“Patria es humanidad” dijo Martí y nuestro Pontífice visitará a un pueblo que se deshumaniza y sufre, responsables por ello somos todos, “Nadie está libre de pecado en cosas de Patria” afirmaba con justeza José Ignacio Rasco. Tenemos una responsabilidad como individuos y yo te pido que nos ayudes a comprometernos con nuestro destino como nación. Que nos ayudes a rebelarnos ante el mal y que la expresión de nuestra rebeldía se concrete en obras y no se reduzca a culpar a nuestros verdugos.

Tengo una limitada comprensión de tu omnipotencia y se me hace difícil esperar algo bueno de aquellos que nos han hecho tanto mal, pero Tú eres mi Dios y en Ti confío. Tu Hijo nos enseñó que han de crecer juntos el trigo y la cizaña, yo te pido, que en la confusión, la cizaña no oscurezca el trigo y que la compasión por los malvados no nos haga relativizar el mal u olvidar que existe. Una vez leí que “sacar un bien del mal es obra de los fuertes” y yo te pido que nos des la fortaleza de tu espíritu, y prudencia y valor en esta hora.

Ayúdanos Dios mío a escuchar al que piensa de un modo diferente y líbranos de juzgar sus motivaciones porque sólo Tú conoces lo que habita en el corazón de los hombres.

Líbranos de la arrogancia, ayúdanos a comprender que todo hombre puede tener acceso a la verdad, que el único modo de caminar hacia Ti, que eres la Verdad definitiva, es por la senda del respeto a la dignidad de las personas.

Si, Dios mío, ayúdanos a completar el milagro de la unidad, esa unidad en la diversidad que imploraba ante nuestra Madre María de la Caridad del Cobre el santo obispo Agustín Román.

Ayúdanos Señor a vivir con gozo la visita del Papa Francisco a nuestra Patria, permite que en este acontecimiento, además de los peligros y las acechanzas del mal, veamos también la oportunidad para que Tú obres en nuestros corazones. Ayúdanos conseguir la libertad, para que Cuba sea por fin una nación democrática y soberana, una nación en paz.

Bendice e ilumina de un modo especial al Papa Francisco y a nuestros pastores en Cuba y el Exilio, asístelos y ampáralos con tu Poder.

Mis dudas y anhelos las dejo en tus manos, con gran esperanza, porque confío en Ti.

Amén.