LAS MEMORIAS DEL PADRE CHABEBE

Las memorias del Padre Chabebe

Dios me hizo cura es la más reciente entrega de la Editorial Silueta, un libro que reúne las memorias del sacerdote católico Jorge Bez Chabebe, hijo de inmigrantes libaneses que fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Santiago de Cuba por Mons. Enrique Pérez Serantes el 26 de marzo de 1950. En este libro el P. Chabebe nos relata su camino hacia Dios, meta de su existencia. Lo hace con una prosa limpia, sencilla, que fluye en armonía con la sinceridad del testimonio. Este caminar hacia Dios es la columna vertebral de un relato que, en medio de tanta frivolidad y hedonismo, nos invita a preguntarnos por el sentido de nuestras vidas.

Publicar este testimonio es una apuesta un tanto arriesgada para un proyecto aconfesional como la Editorial Silueta, porque las memorias del P. Chabebe constituyen un desafío al cada día más abarcador discurso de lo políticamente correcto, intolerante en nombre de la tolerancia, inhumano en nombre de un supuesto humanismo.

No es, en modo alguno, un libro exclusivo para católicos porque los asideros morales del P. Chabebe son comunes a cualquier persona; pueden, por tanto, servirnos de referencia aún al margen de nuestras creencias. Aunque conviene precisar que no es un catolicismo avergonzado el del Padre, sus memorias confluyen con lo mejor del cristianismo. En este sentido es oportuno recordar estas palabras del escritor Rodolfo Martínez Sotomayor durante la presentación de Dios me hizo cura: “Las naciones guardan una reserva moral que sale a la luz en los períodos más oscuros, y así ha sido a través de toda la historia de la humanidad. La religión es parte fundamental de la cultura de un pueblo y el cristianismo es uno de los ejes centrales que sostiene la civilización occidental.” Me atrevo a agregar que el olvido y el menosprecio de este pilar de nuestra civilización nos empujan a la decadencia, expresada en el denominador común de un ateísmo práctico, donde lo material se convierte en la norma del éxito para la existencia humana.

Estas memorias del P. Chabebe también constituyen una valiosa contribución a nuestra historia reciente. Su alegato, como testigo de numerosos crímenes e injusticias cometidos en los albores de la Revolución Cubana, resultará valioso para la necesaria reivindicación de las víctimas. Se echa de menos, sin embargo, una valoración más precisa de la situación del catolicismo cubano de la época y del papel de la Iglesia ante esos cruciales acontecimientos; así como una aproximación más minuciosa a la vida de Mons. Riu Anglés y Mons. Pérez Serantes, personalidades del episcopado cubano de entonces, de las cuales el P. Chabebe fue un cercano colaborador.

Muy valiosas resultan, para una mejor comprensión de los avatares de nuestra nación en diáspora, las experiencias de este sacerdote como miembro prominente de un exilio que ha dejado honda huella en el país que lo acogió. Estas memorias nos cuentan, desde la singular perspectiva de un clérigo, el desafío de una comunidad que debió sobrevivir en tierra extraña, intentando echar raíces en la tierra de acogida sin perder su identidad, con las inevitables tensiones que esto ocasionó no sólo en la sociedad del momento en Miami sino también en la Iglesia local.

Hay en este libro cierto aliento épico, que nos recuerda que el cristianismo es una aventura, la gran aventura de quien lo asume como fe de vida. Esto es algo que los creyentes a veces olvidamos en la grisura de lo cotidiano, pero que se recupera con la lectura de estas memorias que nos invitan a romper nuestros actuales esquemas de ramplona comodidad.

El P. Chabebe ha perseverado en su sacerdocio y ha superado con valor, serenidad y sentido común muchas tentaciones. Parafraseando al Evangelio pudiéramos afirmar que ha puesto la mano en el arado y no ha vuelo la vista atrás, no lo ha hecho porque tenga una comprensión estrecha de la obediencia o un estoicismo carente de amor, de estas páginas se desprende que el P. Chabebe ha sido fiel porque ha procurado amar a Cristo en cada hombre y mujer a su paso, porque ha comprendido que la ruptura de su compromiso sería, en primera instancia, ir contra sí mismo.

Quizás ahí radique el secreto encanto de esta obra, escrita con sencillez, editada con ternura, pero sin renunciar al trazo firme de lo verdadero, un atrevido proyecto de la Editorial Silueta, una obra poco común en el entorno editorial cubano.

Revista Conexos 2014

 

LOS FARAONES FUERON

LOS FARAONES FUERON
grandes señores de otra noche,
hay momias en cuclillas,
en posición fetal,
Walt Disney
espera que resurjan sus castillos de luces
en una eternidad planeada por biólogos.

Hay momias de titanio
y de cemento,
ansias de trascender el polvo de los siglos,
que respiramos en la calefacción sin darnos cuenta.

Es un mundo de momias arrogantes
este mundillo nuestro,
que no resistiría el roce de una estrella
o la erupción de un bando de volcanes;
pero entre todas las momias que padezco
suplico formalmente sepultura
para ese horror que entre nosotros duerme,
allá, en la Plaza Roja.

 

Cuaderno para el viaje. Editorial Silueta 2017.

 

UNA NOVELA DE ELVIRA DE LAS CASAS

Sobre “Doce mensajes a Hércules” una novela de Elvira de las Casas

Me leí de un tirón la más reciente entrega de la Editorial Silueta, una novela titulada “Doce mensajes a Hércules” de la escritora cubana Elvira de las Casas.  Durante su lectura me parecía que alguna vez estuve en Hormiguero del Campo, que me atendió del sarampión el Dr. Mendoza o me curó el mal de ojo  la Sra. Leonor, esposa del funerario.  Del mismo modo, sentí el gusto de pelear a las órdenes del comandante alzado  Manuel Cabargas y me he sentido orgulloso de la gente que dibuja con trazo firme la autora.  Al terminar de leer el libro y escribir estas líneas me ha costado cumplir con el precepto, en la niñez aprendido, de que los hombres no lloran o no deben llorar.

Elvira de las Casas nos regala una novela llena de vida y nos acerca a un doloroso pasado, aún reciente,  que la historia oficial ha falsificado sin el menor pudor. Esta novela nos cuenta la resistencia de un pueblo a ese proyecto de envilecimiento colectivo que conocemos como Revolución cubana. Uno de los valores de este relato radica en la verosimilitud  de su épica,  en el parto de unos personajes que nos contagian su ética y sus valores desde lo cotidiano de sus vidas, sin aspaviento literario, ni panfleto alguno.

En la novela “Doce mensajes a Hércules”  se reivindica a las víctimas del Escambray, aquellos hombres y mujeres que se rebelaron al castro comunismo asumiendo la lucha armada con el apoyo de sus familiares y amigos. Un esfuerzo bélico que fue derrotado en una lucha desigual, donde no hubo escrúpulos en los métodos empleados por los vencedores, ni piedad con los vencidos. Es esta, sin lugar a dudas, una de las páginas más oscuras y dramáticas de nuestra historia, una etapa que quizás por su cercanía no había trascendido a nuestra literatura con el peso debido.

Esta reivindicación literaria de los héroes poco conocidos y en gran medida anónimos del Escambray consuma los esfuerzos de tantísimos cubanos  que han atesorado durante décadas los testimonios de su lucha con la esperanza, a veces incierta, de que un día serán  escuchados.

Más allá de la justicia que se pueda conseguir en los tribunales de una Cuba democrática existe la necesidad imperiosa de poner las cosas en su sitio: los hombres y mujeres que se alzaron contra la tiranía en el Escambray y otras regiones del país no eran bandidos. Lucharon, la mayoría de ellos, por un ideal de justicia y unos valores que aún permanecen secuestrados por los que gobiernan en Cuba.

Más temprano que tarde, esta novela se leerá libremente en nuestra Patria. Como arte verdadero contribuirá al mejoramiento humano. “La verdad nos hará libres” dice el Evangelio  y también la bondad y la belleza, todo eso permanece en la novela titulada “Doce mensajes a Hércules”.

Miami 2012

 

LA CRUZ DE BRONCE

La cruz de bronce es la segunda novela de Elvira de las Casas que publica la Editorial Silueta, la he leído con el mismo gusto con que leí la primera. Ese es uno de los denominadores comunes de la narrativa de Elvira, se lee con gusto, lo que es de agradecer en el ámbito de la literatura cubana actual.

La cruz de bronce mantiene el mismo nivel de calidad literaria que Doce mensajes a Hércules, su predecesora, evidenciando un modo de narrar que ya es estilo. A diferencia de su primera novela, esta segunda obra plantea una estructura más compleja; la autora se ha propuesto jugar con la máquina del tiempo y en esas idas y venidas por la intrahistoria consigue la verosimilitud necesaria para unos personajes que viven en contextos y épocas muy diferentes.

Un libro con este grado de coherencia no se escribe con facilidad, el resultado que ahora podemos apreciar  es sinónimo de un talento que ha dedicado cuantiosas horas al oficio de escribir. Mucho ha debido investigar la autora para traer hasta nuestro tiempo La cruz de bronce,  un relato que nos lleva con gentileza a los antiguos conventos y aldeas de Castilla o nos hace pasear por las ciudades de Cuba cuando las calamidades de la Guerra de Independencia no consiguieron  privarlas de todo su esplendor y decencia.

Es de agradecer que el discurso narrativo aproveche a cabalidad aspectos como la religión y la sexualidad sin caer en la tentación de repetir los lugares comunes de lo vulgar, lo grotesco  o lo “políticamente correcto”, extremos casi inevitables en una buena parte de la literatura de nuestros días. Con el pretexto de una cruz, que acompaña a las protagonistas de esta historia por diferentes épocas y lugares, este libro nos cuenta, en gran medida, la historia de todas las mujeres del mundo, que es, en cualquier caso, una historia de lucha por la supervivencia  en un mundo regentado por hombres. Las heroínas de La cruz de bronce sobreviven con uñas y dientes, con pasión o zalamería, con un acto de resistencia o entrega, pero no sacrifican su feminidad; descubren, de un modo u otro, que su fragilidad es su fortaleza, y mujeres al fin, no renuncian a la maternal oportunidad de aleccionarnos, y a su manera decirnos, que nadie puede vivir con tanta fuerza como una mujer, que nadie tiene un conocimiento de la vida tan profundo.

La literatura de Elvira consigue esa justicia poética que refleja la justicia de Dios y se adelanta a la justicia de los hombres, un valioso elemento que se hace presente en Doce mensajes a Hércules y se repite en este nuevo libro;  el tratamiento a la figura de Valeriano Weyler, quien queda condenado al ridículo en estas páginas, es el mejor ejemplo de ese acierto.

Es de agradecer también que el recorrido de esa cruz nos contagie el orgullo de nuestro origen y cierta nostalgia de futuridad. Ahora sólo me queda felicitar a la autora y esperar la próxima entrega; mientras tanto, los exhorto a leer La cruz de bronce, esta nueva novela de la escritora Elvira de las Casas, la más reciente propuesta de la Editorial Silueta.