UNA NOVELA DE ELVIRA DE LAS CASAS

Sobre “Doce mensajes a Hércules” una novela de Elvira de las Casas

Me leí de un tirón la más reciente entrega de la Editorial Silueta, una novela titulada “Doce mensajes a Hércules” de la escritora cubana Elvira de las Casas.  Durante su lectura me parecía que alguna vez estuve en Hormiguero del Campo, que me atendió del sarampión el Dr. Mendoza o me curó el mal de ojo  la Sra. Leonor, esposa del funerario.  Del mismo modo, sentí el gusto de pelear a las órdenes del comandante alzado  Manuel Cabargas y me he sentido orgulloso de la gente que dibuja con trazo firme la autora.  Al terminar de leer el libro y escribir estas líneas me ha costado cumplir con el precepto, en la niñez aprendido, de que los hombres no lloran o no deben llorar.

Elvira de las Casas nos regala una novela llena de vida y nos acerca a un doloroso pasado, aún reciente,  que la historia oficial ha falsificado sin el menor pudor. Esta novela nos cuenta la resistencia de un pueblo a ese proyecto de envilecimiento colectivo que conocemos como Revolución cubana. Uno de los valores de este relato radica en la verosimilitud  de su épica,  en el parto de unos personajes que nos contagian su ética y sus valores desde lo cotidiano de sus vidas, sin aspaviento literario, ni panfleto alguno.

En la novela “Doce mensajes a Hércules”  se reivindica a las víctimas del Escambray, aquellos hombres y mujeres que se rebelaron al castro comunismo asumiendo la lucha armada con el apoyo de sus familiares y amigos. Un esfuerzo bélico que fue derrotado en una lucha desigual, donde no hubo escrúpulos en los métodos empleados por los vencedores, ni piedad con los vencidos. Es esta, sin lugar a dudas, una de las páginas más oscuras y dramáticas de nuestra historia, una etapa que quizás por su cercanía no había trascendido a nuestra literatura con el peso debido.

Esta reivindicación literaria de los héroes poco conocidos y en gran medida anónimos del Escambray consuma los esfuerzos de tantísimos cubanos  que han atesorado durante décadas los testimonios de su lucha con la esperanza, a veces incierta, de que un día serán  escuchados.

Más allá de la justicia que se pueda conseguir en los tribunales de una Cuba democrática existe la necesidad imperiosa de poner las cosas en su sitio: los hombres y mujeres que se alzaron contra la tiranía en el Escambray y otras regiones del país no eran bandidos. Lucharon, la mayoría de ellos, por un ideal de justicia y unos valores que aún permanecen secuestrados por los que gobiernan en Cuba.

Más temprano que tarde, esta novela se leerá libremente en nuestra Patria. Como arte verdadero contribuirá al mejoramiento humano. “La verdad nos hará libres” dice el Evangelio  y también la bondad y la belleza, todo eso permanece en la novela titulada “Doce mensajes a Hércules”.

Miami 2012

 

LA CRUZ DE BRONCE

La cruz de bronce es la segunda novela de Elvira de las Casas que publica la Editorial Silueta, la he leído con el mismo gusto con que leí la primera. Ese es uno de los denominadores comunes de la narrativa de Elvira, se lee con gusto, lo que es de agradecer en el ámbito de la literatura cubana actual.

La cruz de bronce mantiene el mismo nivel de calidad literaria que Doce mensajes a Hércules, su predecesora, evidenciando un modo de narrar que ya es estilo. A diferencia de su primera novela, esta segunda obra plantea una estructura más compleja; la autora se ha propuesto jugar con la máquina del tiempo y en esas idas y venidas por la intrahistoria consigue la verosimilitud necesaria para unos personajes que viven en contextos y épocas muy diferentes.

Un libro con este grado de coherencia no se escribe con facilidad, el resultado que ahora podemos apreciar  es sinónimo de un talento que ha dedicado cuantiosas horas al oficio de escribir. Mucho ha debido investigar la autora para traer hasta nuestro tiempo La cruz de bronce,  un relato que nos lleva con gentileza a los antiguos conventos y aldeas de Castilla o nos hace pasear por las ciudades de Cuba cuando las calamidades de la Guerra de Independencia no consiguieron  privarlas de todo su esplendor y decencia.

Es de agradecer que el discurso narrativo aproveche a cabalidad aspectos como la religión y la sexualidad sin caer en la tentación de repetir los lugares comunes de lo vulgar, lo grotesco  o lo “políticamente correcto”, extremos casi inevitables en una buena parte de la literatura de nuestros días. Con el pretexto de una cruz, que acompaña a las protagonistas de esta historia por diferentes épocas y lugares, este libro nos cuenta, en gran medida, la historia de todas las mujeres del mundo, que es, en cualquier caso, una historia de lucha por la supervivencia  en un mundo regentado por hombres. Las heroínas de La cruz de bronce sobreviven con uñas y dientes, con pasión o zalamería, con un acto de resistencia o entrega, pero no sacrifican su feminidad; descubren, de un modo u otro, que su fragilidad es su fortaleza, y mujeres al fin, no renuncian a la maternal oportunidad de aleccionarnos, y a su manera decirnos, que nadie puede vivir con tanta fuerza como una mujer, que nadie tiene un conocimiento de la vida tan profundo.

La literatura de Elvira consigue esa justicia poética que refleja la justicia de Dios y se adelanta a la justicia de los hombres, un valioso elemento que se hace presente en Doce mensajes a Hércules y se repite en este nuevo libro;  el tratamiento a la figura de Valeriano Weyler, quien queda condenado al ridículo en estas páginas, es el mejor ejemplo de ese acierto.

Es de agradecer también que el recorrido de esa cruz nos contagie el orgullo de nuestro origen y cierta nostalgia de futuridad. Ahora sólo me queda felicitar a la autora y esperar la próxima entrega; mientras tanto, los exhorto a leer La cruz de bronce, esta nueva novela de la escritora Elvira de las Casas, la más reciente propuesta de la Editorial Silueta.