ESPACIO LAICAL Y SU POSIBLE SENDERO

Espacio Laical y su posible sendero
28 de Mayo de 2013

Hace unos días la revista Espacio Laical volvió a ser noticia. Su editorial “Senderos que se bifurcan” ha provocado serios cuestionamientos a la Iglesia católica en Cuba. Aunque afortunadamente Espacio Laical ya no representa al Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de La Habana, conserva, por el momento, su naturaleza de obra eclesial privada; este estatuto, que la ampara institucionalmente, y la proyección internacional que ha conseguido, hacen que la revista sea percibida como una voz oficial de la Iglesia.
Antes de continuar con mis consideraciones preferiría hacer un repaso de las ideas que los actuales editores de Espacio Laical han expresado, con frecuencia, durante los últimos años:

• Que es necesario renovar un supuesto Pacto Social que se suscribió entre los ciudadanos y la breve Revolución devenida prontamente en tiranía.

• Que es necesario impedir el derrocamiento de esa tiranía y confiar en ella, porque los principales causantes de nuestros gravísimos males económicos y sociales, los mismos que han negado sistemáticamente las libertades y protagonizado todo tipo de violación a nuestros derechos, serán los que conduzcan a Cuba por la senda de la prosperidad y la democracia.

• Que nuestras circunstancias pueden haber justificado y justificar aún la existencia de un Partido Único, sugiriendo el supuesto de que puede haber democracia a partir de un partido único o que el partido único puede representar a la mayoría de la nación.

• Que de los demócratas cubanos en la oposición no surgen propuestas viables para el reencauzamiento democrático de la sociedad cubana de un modo pacífico.

• Que la mayoría de la población cubana prefiere una solución “de izquierdas”.
A este resumen de ideas, que constituyen la columna vertebral de la revista, habría que agregar las reflexiones de su editorial más reciente, el ya mencionado “Senderos que se bifurcan”. Un editorial que en conciencia me obliga a sugerir algunas preguntas.

¿Por qué una publicación católica va más allá de la condena al Embargo, que ha realizado la Iglesia cubana durante estos años, y se presta a culpabilizar a los demócratas de la oposición que apoyan dicho Embargo? ¿Por qué se presta Espacio Laical al juego de aquellos que se empeñan en convertir la adhesión o el rechazo al Embargo en la vara de medir el patriotismo? ¿Es la actitud de Espacio Laical un camino para la reconciliación?

Creo que los editores de Espacio Laical debían meditar sobre sus posiciones, porque a muchas de sus ideas las pone en entredicho la realidad y otras no se corresponden con lo que enseña la misma Iglesia en la Doctrina Social Cristiana.

Pienso, con todo respeto, que los contenidos y el lenguaje que manejan los editores de Espacio Laical son apropiados y quizás legítimos en un proyecto sociopolítico, pero no en un proyecto eclesial. Es por eso que me atrevo a animarlos a que tomen otro sendero, salgan del marco institucional de la Iglesia y se establezcan en el ámbito propio de la sociedad civil y de la política. Un ámbito donde no dañen a la Iglesia con sus controvertidas opiniones, ni la comprometan innecesariamente en unos afanes que no la representan. Un ámbito, además, donde se les pueda someter al escrutinio y a la crítica, sin que se pueda mostrar esa crítica como un ataque a la Iglesia en Cuba.

Por otra parte, me atrevo a mencionar que si la Iglesia quiere ser espacio de encuentro y de reconciliación en su sentido más pleno debe velar por que las palabras pronunciadas en su nombre sean esencialmente reconciliadoras y de este modo evitar el lenguaje que señala enemigos y denuncia conspiraciones, que culpabiliza y separa. Los que hablan a nombre de la Iglesia debían abstenerse de establecer parámetros definitorios sobre qué cubanos están o no cualificados para participar en ese proyecto de Nación democrática y soberana al que nos sentimos convocados muchos en la Isla y en el Destierro. Si la Iglesia siente que es su deber propiciar ese espacio y consciente de sus límites asume tener fuerzas para hacerlo, debe ser cuidadosa al escoger las personas que atenderán ese espacio y emitirán los mensajes a nombre de tan noble y urgente propósito, porque de la transparencia de estas personas, de su delicadeza y mesura, puede depender el éxito o el fracaso.

En este orden de cosas creo preciso tener en cuenta las palabras de Dagoberto Valdés, cuando afirma que la Homilía de Su Santidad Benedicto XVI en la Plaza Antonio Maceo contiene “una exhortación para que la Iglesia cubana sea fiel a Jesucristo, refleje su verdadero rostro y no le tema a la cruz de su Señor. Colaboración y confianza no pueden existir a cualquier costo. No se puede dejar de ser algo de la esencia de lo que se es para no rozar a los diferentes. La sociedad y la Iglesia no pueden excluir parte de su mensaje, o una parte de las personas que la forman, por ser diferentes, para con ello lograr complacer o dialogar, confiar o colaborar con la otra parte de esa misma sociedad y de esa Iglesia. La confianza y la colaboración es con todas las partes o no son ni colaboración ni confianza creíbles. Lo que está en juego es la autenticidad y la credibilidad de todas las partes”.

Es mucho lo que está en juego y numerosas son las expectativas que se crean con cada actuación de la Iglesia. Es cierto que la normalidad democrática que Cuba necesita precisa de muchos pasos y el primero de los pasos no puede ser el último, pero en todos los pasos de la Iglesia debe haber absoluta magnanimidad, porque está llamada a ser “Madre de todos” y caminar los senderos de la historia con la luz de Cristo.

 

LAS MEMORIAS DEL PADRE CHABEBE

Las memorias del Padre Chabebe

Dios me hizo cura es la más reciente entrega de la Editorial Silueta, un libro que reúne las memorias del sacerdote católico Jorge Bez Chabebe, hijo de inmigrantes libaneses que fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Santiago de Cuba por Mons. Enrique Pérez Serantes el 26 de marzo de 1950. En este libro el P. Chabebe nos relata su camino hacia Dios, meta de su existencia. Lo hace con una prosa limpia, sencilla, que fluye en armonía con la sinceridad del testimonio. Este caminar hacia Dios es la columna vertebral de un relato que, en medio de tanta frivolidad y hedonismo, nos invita a preguntarnos por el sentido de nuestras vidas.

Publicar este testimonio es una apuesta un tanto arriesgada para un proyecto aconfesional como la Editorial Silueta, porque las memorias del P. Chabebe constituyen un desafío al cada día más abarcador discurso de lo políticamente correcto, intolerante en nombre de la tolerancia, inhumano en nombre de un supuesto humanismo.

No es, en modo alguno, un libro exclusivo para católicos porque los asideros morales del P. Chabebe son comunes a cualquier persona; pueden, por tanto, servirnos de referencia aún al margen de nuestras creencias. Aunque conviene precisar que no es un catolicismo avergonzado el del Padre, sus memorias confluyen con lo mejor del cristianismo. En este sentido es oportuno recordar estas palabras del escritor Rodolfo Martínez Sotomayor durante la presentación de Dios me hizo cura: “Las naciones guardan una reserva moral que sale a la luz en los períodos más oscuros, y así ha sido a través de toda la historia de la humanidad. La religión es parte fundamental de la cultura de un pueblo y el cristianismo es uno de los ejes centrales que sostiene la civilización occidental.” Me atrevo a agregar que el olvido y el menosprecio de este pilar de nuestra civilización nos empujan a la decadencia, expresada en el denominador común de un ateísmo práctico, donde lo material se convierte en la norma del éxito para la existencia humana.

Estas memorias del P. Chabebe también constituyen una valiosa contribución a nuestra historia reciente. Su alegato, como testigo de numerosos crímenes e injusticias cometidos en los albores de la Revolución Cubana, resultará valioso para la necesaria reivindicación de las víctimas. Se echa de menos, sin embargo, una valoración más precisa de la situación del catolicismo cubano de la época y del papel de la Iglesia ante esos cruciales acontecimientos; así como una aproximación más minuciosa a la vida de Mons. Riu Anglés y Mons. Pérez Serantes, personalidades del episcopado cubano de entonces, de las cuales el P. Chabebe fue un cercano colaborador.

Muy valiosas resultan, para una mejor comprensión de los avatares de nuestra nación en diáspora, las experiencias de este sacerdote como miembro prominente de un exilio que ha dejado honda huella en el país que lo acogió. Estas memorias nos cuentan, desde la singular perspectiva de un clérigo, el desafío de una comunidad que debió sobrevivir en tierra extraña, intentando echar raíces en la tierra de acogida sin perder su identidad, con las inevitables tensiones que esto ocasionó no sólo en la sociedad del momento en Miami sino también en la Iglesia local.

Hay en este libro cierto aliento épico, que nos recuerda que el cristianismo es una aventura, la gran aventura de quien lo asume como fe de vida. Esto es algo que los creyentes a veces olvidamos en la grisura de lo cotidiano, pero que se recupera con la lectura de estas memorias que nos invitan a romper nuestros actuales esquemas de ramplona comodidad.

El P. Chabebe ha perseverado en su sacerdocio y ha superado con valor, serenidad y sentido común muchas tentaciones. Parafraseando al Evangelio pudiéramos afirmar que ha puesto la mano en el arado y no ha vuelo la vista atrás, no lo ha hecho porque tenga una comprensión estrecha de la obediencia o un estoicismo carente de amor, de estas páginas se desprende que el P. Chabebe ha sido fiel porque ha procurado amar a Cristo en cada hombre y mujer a su paso, porque ha comprendido que la ruptura de su compromiso sería, en primera instancia, ir contra sí mismo.

Quizás ahí radique el secreto encanto de esta obra, escrita con sencillez, editada con ternura, pero sin renunciar al trazo firme de lo verdadero, un atrevido proyecto de la Editorial Silueta, una obra poco común en el entorno editorial cubano.

Revista Conexos 2014

 

EL DESAFĺO DE LA COMUNIÓN

El desafío de la Comunión
7 de Octubre del 2010

Todos los años se celebra un encuentro entre católicos cubanos de la Isla y el Exilio, se reúnen sacerdotes, religiosas y laicos y comparten experiencias de lo vivido en sus respectivas realidades. No me cabe la menor duda de lo positivo que han sido estos encuentros para el conocimiento mutuo de los que esparcen la semilla del Evangelio en ambas orillas.

Próximamente se celebrará el décimo tercero de estos encuentros y en este contexto me atrevo abordar tres aspectos que considero de suma importancia.

El primero se refiere a un desafío pastoral que tenemos los que vivimos en esta orilla, diáspora, emigración para algunos, exilio al fin; y se refiere al reto permanente de acoger y acompañar a los compatriotas que llegan de la Isla, una tarea difícil porque a menudo lo que se espera de nosotros es más de lo que podemos ofrecer.

Es cierto que responder a todas las necesidades, espirituales y materiales, de estos nuevos exiliados es algo que desborda a la Iglesia; pero aún cuando reconozcamos esta limitación, creo que debemos preguntarnos con honestidad dónde estamos fallando. Mientras la estrategia publicitaria de las televisiones locales, con Alexis Valdés y Carlos Otero a la cabeza, ha sido exitosa la Iglesia, las organizaciones cívicas y los grupos políticos del exilio no han sido capaces de comunicarse con estos cubanos.

Trazar un perfil de este nuevo exiliado y reimpulsar una pastoral destinada a ellos debe ser una de nuestras prioridades. Se echa de menos una pastoral cubana que facilite la integración religiosa y social de estas personas. Aunque se han realizado esfuerzos aislados, no ha sido posible sistematizarlos para crear ese lugar donde se cultive la confianza mutua y se teja el mimbre duradero de las experiencias profundas, donde se ensaye sin ambages la necesaria reconciliación.

Nuestro futuro en el Sur de la Florida y el futuro de Cuba no va a ser ajeno al tipo de acogida y evangelización que seamos capaces de ofrecer a estos compatriotas que tienen una peculiar experiencia de Fe y de Patria: estos hermanos nuestros constituyen un sector numeroso, silencioso y desconocido, que también llegó para quedarse, aunque su relación con la política local y con la Isla ande por derroteros diferentes a los establecidos por el llamado exilio histórico.

Es un gran desafío la propuesta de ese lugar cubano, de esa pastoral específica en una Iglesia multicultural que tiene el reto de llegar a una feligresía de orígenes tan diversos. Es este, por tanto, un desafío primordial para los laicos cubanos, que de un modo u otro hemos aprendido a amar esta realidad y a reconocernos en medio de ella. Laicos de distintas generaciones, que ya somos de aquí, pero que iríamos contra nosotros mismos si dejáramos de sentir que también somos parte de allá, llevando sobre nuestros hombros la responsabilidad y el anhelo de la Comunión.

El segundo aspecto que abordaré en este artículo tiene que ver con la otra orilla, patria, terruño, casa Cuba que permanece con sabor de hogar a pesar de los pesares. Casa Cuba, concepto con algo de metáfora que un día nos regaló Mons. Carlos Manuel de Céspedes y que expresa la vocación de incluir, el deseo de juntar, propios del hogar cubano. Los que somos deudores del magisterio del P. Carlos nos referimos con frecuencia a esa idea, a ese sueño de una casa Cuba que no esté signada por el totalitarismo; un totalitarismo perverso que nos ha enseñado a pensar que las víctimas tienen alguna culpa. Un totalitarismo que dibuja al Exilio como una realidad homogénea, donde prevalece la codicia sobre la solidaridad, el odio sobre el amor, la violencia sobre el deseo de paz, la intransigencia sobre la libertad.

La caricatura de Exilio que se difunde con habilidad desde la Habana y a la que contribuyen por acción y omisión no pocos exiliados, se desmiente cuando vivimos en Miami, cuando vemos que hay emisoras defendiendo a la tiranía y emisoras atacándola, cuando constatamos que los que defienden posiciones favorables al gobierno cubano pueden acudir a los tribunales en igualdad de condiciones a sus contrarios, cuando vemos que podemos ejercer nuestro derecho a opinar y que nadie puede amenazarnos, ni maltratarnos por ello; es cierto que aquí también nos persigue el hábito de la sospecha, que la actitud de cuestionar los discursos establecidos te cierra más de una puerta, pero no se puede comparar la pérdida de una oportunidad con la humillación de una paliza o el castigo de cárcel que reciben los opositores. Si bien es cierto que Miami fue alguna vez plaza propicia para la violencia política entre cubanos, hace ya mucho tiempo que no lo es.

La Iglesia cubana en su trabajo incesante por la reconciliación debe considerar el desafío de presentar a sus fieles la perspectiva de un exilio que también representa la diversidad de ideas, la solidaridad en lo cotidiano y en las catástrofes, el apego sustantivo a las tradiciones y la cultura propia, consiguiendo preservar en la diáspora aspectos importantes de nuestra identidad como nación.

Presentar esta perspectiva diferente contribuiría a mejorar la percepción de muchos y acercaría los inevitables tópicos a la realidad. La Iglesia, en la medida de sus posibilidades, tiene el deber de mostrar lo positivo de este Exilio heterogéneo, hacerlo con sistematicidad supondría una contribución notable a la reconciliación y al encuentro definitivo de nuestra Nación; un encuentro que se producirá tarde o temprano, a pesar de que las realidades de ambas orillas a menudo sean secuestradas por las malas fotografías.

El tercer y último aspecto que me gustaría comentar es el más importante de todos y se refiere al encuentro con Dios, a su confianza en Él; creo que los católicos cubanos, vivamos donde vivamos, tenemos con frecuencia la tentación de creer más en nuestros obras que en el poder del Espíritu Santo. Creo que nos vale de poco encontrarnos si no tenemos esa disponibilidad de acoger en el espíritu, una disponibilidad que supera lo racional y lo emocional; creo que debemos pedir a Dios esa gracia, esa confianza, primero en Él, que nos ayudará a superar los escollos del entendimiento, las heridas del corazón.

Creo que debemos pedirle a la Virgen María de la Caridad del Cobre que interceda por nosotros, creo que debemos rogarle con humildad; decía un Obispo de los primeros siglos del cristianismo, que la madre en sus labores no puede desentenderse del infante que llora y así le ocurre a la Virgen cuando escucha las súplicas de sus hijos. Tenemos que pedirle a la Virgen el milagro de la Reconciliación y la Paz, tenemos que pedirlo a nuestros beatos, a nuestros santos, que no son pocos. A todos estos intercesores nuestros debemos dirigirnos en la oración, para que levanten las manos de nuestra súplica cuando el cansancio nos venza, porque poco podemos hacer si no se hace primero la Confianza, la Caridad y el Amor en cada uno de nosotros.

A modo de conclusión es preciso decir que un buen número de obispos, sacerdotes, religiosas y laicos, tanto de Cuba como del Exilio, son conscientes de la necesidad de ampliar cada vez más los canales para esa imprescindible Comunión, es necesario subrayar que las posibilidad de mejorar y ampliar esos canales no sólo depende de los esfuerzos que hagamos los católicos de aquí y de allá sean clérigos o laicos, hay dificultades concretas que dependen de otras voluntades ajenas a las nuestras.

Es justo mencionar el esfuerzo que se ha realizado durante los últimos años y reconocer a las personas que se han distinguido en ello, en especial a la Hna. Ondina Cortés, religiosa claretiana que ha perseverado en el deseo de congregar, en la actitud de incluir. Confío en que este próximo encuentro entre católicos de la Isla y del Exilio ayude a situar en un lugar prominente de nuestras agendas el desafío de la Comunión. Llegado este punto me permito apropiarme del lema de mi buen amigo Sammy Díaz, él se empeña en decir que “Caminando en Comunión hallaremos la paz”, sólo puedo agregar a esta frase el deseo de que así sea.

 

EL GENERAL Y LA IGLESIA

El General y la Iglesia
21 de Abril del 2011

Padecimos el VI Congreso del Partido y podemos decir que el club de octogenarios sin relevo ha dejado bien claro que ellos son los que mandan. Sin embargo, el General no ha querido evadir la ratificación de una pequeña cantidad de reformas de índole económica. Es cierto que “las reformas” anunciadas no alcanzan para hacerse ilusiones pero no sabemos qué expectativas y actitudes pueden desatar en la maltrecha vida de los cubanos.

Raúl Castro es ahora el pionero de un sofisticado modelo para las dictaduras hemisféricas, el creador de un “socialismo sin subsidios y un capitalismo sin mercado”. Carlos Alberto Montaner, con la sagacidad que lo caracteriza, ha definido de ese modo al engendro raulista y el diario El País trae un editorial que profetiza: El plan quiere salvar al régimen sacrificando en parte al socialismo, pero en el error uno y otro son indistinguibles. El primero caerá por senectud; el segundo por incompetencia. Todo quedaba ayer, por ello, atado y mal atado.

Sobre este último abracadabra del castrismo me quedo con una sugerencia táctica que le escuché hace poco al economista Espinosa Chepe: apoyar cualquier apertura por pequeña que sea sin perder la distancia crítica; por lo demás nada me ha sorprendido del esperado Congreso sin sorpresas, “naranja agria no da naranja dulce” dicen los viejos.

Si algún aspecto novedoso reclama mi atención es que en el discurso de inauguración el General repasa la Mediación de la Iglesia Católica. Han pasado los tiempos en que nos acusaban de estar agazapados, esperando el momento de servir al Imperio o a los oligarcas, dos figuras retóricas que el castrismo ha manejado con suma eficacia. Ahora, “considerando la fortaleza de la Revolución” al General no le quedó otro remedio que aceptar la Mediación y reconocer que en las conversaciones se manifestaron puntos “no siempre coincidentes con los nuestros” es decir, con los suyos.

Es una pena que la “lealtad y transparencia” del diálogo iniciado no alcanzara para avisar a la Iglesia que las excarcelaciones habían concluido; pero era de esperar que algo así sucediera, el General y los mandamases del Partido ya han tragado bastante en estos días. Recuerdo cuando los carros de los curas tenían chapa de técnico extranjero, esto no suponía ningún privilegio, era una forma sutil de considerar a la Iglesia como algo ajeno. En este discurso el General asegura que la gestión de la Iglesia ha favorecido la unidad de la Nación, que hay una relación de “respeto mutuo, lealtad y transparencia” y sus elogios envenenados permiten aventurar algunas conclusiones.

La primera de estas es que la Iglesia, sin corromper su identidad y su misión, ha sido aceptada por el castrismo como un elemento de cohesión nacional, esto lleva al reconocimiento implícito de que ya no basta la “fe en el proceso”, de que hay que pasar por el mal trago de aceptar a una cosa que no fue parte de la Revolución y que ahora tampoco quiere serlo. El castrismo se ve obligado a reconocer a una Institución que no ha sido creada por él, una Institución que pretende usar para su beneficio aunque entiende la dificultad de que esta tiene autonomía propia y una dinámica orientada hacia un Dios que puso la otra mejilla.

La Iglesia tiene ante sí un reto inmenso, el General la ha incorporado oficialmente a la Nación en cuestión de unos párrafos pero este reconocimiento, deseado por la Iglesia y necesario para profundizar su acción pastoral, no debe quedar subordinado a las necesidades tácticas del castrismo, cosa que el régimen intentará, porque su razón de ser es la supervivencia en el poder y su pragmatismo se orienta a ese fin.

Es de prever que los obispos continuarán con su estrategia de fortalecer las estructuras pastorales sin provocar a los que gobiernan, esta es la mejor contribución a ese cambio profundo que la sociedad cubana necesita, sin olvidar que la Iglesia no es un fin en sí misma sino un medio para llegar a Cristo.

Tiene el desafío la Iglesia de mostrar a la sociedad cubana esa pluralidad en la unidad que ha sido una de sus mayores riquezas, de dar ese testimonio en una sociedad signada por el totalitarismo, de exponer en sus medios de prensa y en sus eventos la diversidad que la enriquece. Con este testimonio la Iglesia ofrecería un referente ético que la Nación necesita, que esto derive en un servicio concreto de propiciar espacios para la concertación política o una mediación entre los que gobiernan y los que se oponen depende de los Castro, aunque la oferta debiera colocarse más temprano que tarde, sino es que ya lo está, en la mesa de esos encuentros que el General valora como “constructivos y transparentes”. Por ahora la potestad de romper la inercia está en manos de un régimen que no decide nada en sus Congresos, que aún detenta un poder casi absoluto y tiene hasta el momento la última palabra.

 

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA PRÓXIMA VISITA DEL PAPA A CUBA

Algunas consideraciones sobre la próxima visita del Papa a Cuba
25 de Enero del 2012

La visita del Papa a Cuba, por su naturaleza esencialmente pastoral, constituye un bien en sí misma. Todos los cubanos perderíamos si esta visita no se llevara a cabo. El Santo Padre confirmará, Dios mediante, a los católicos cubanos en su fe y bendecirá en su 400 Aniversario la imagen de la Virgen de la Caridad que se venera en el Santuario del Cobre. Esta imagen presente otra vez en los hogares cubanos es el único símbolo de nuestra nación que el castrismo no ha podido vaciar de sentido, es la única conexión con lo mejor de nuestra historia yvalores que ha quedado a salvo de la debacle castrista.
Más allá de la fe religiosa que profesemos, la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre es un elemento constitutivo de nuestra nacionalidad, es por tanto un regalo de Dios a nuestro pueblo, no solo a esa porción que se define como católica, sino al pueblo creyente en general e incluso a esos compatriotas que se proclaman agnósticos o ateos.

Sin embargo, el asesinato del opositor Wilman Villar Mendoza no puede ser ignorado porque el bien que se busca a largo plazo comienza también en lo inmediato, y lo inmediato es que los gobernantes cubanos han cometido un crimen, un crimen precedido de muchos crímenes, varios de ellos todavía recientes. La visita del Papa no puede separarse de ese contexto.

Sé que la Iglesia gana los espacios para todos, sé que hace un bien inmenso en el ámbito de la asistencia a los más desvalidos y que es la institución que más trabaja por impedir el envilecimiento definitivo de los cubanos de la Isla, sometidos todos a una deshumanización sistemática. Sé todas estas cosas y saberlas me produce un genuino orgullo; por eso, como católico orgulloso de la Iglesia que me ayudó a reconocer mi propia dignidad y derechos, me animo a pedir a los obispos cubanos otro bien para Cuba, que inviten al Santo Padre a tener un gesto público o privado con los demócratas cubanos, en especial con las Damas de Blanco.

Creo que ese gesto con los demócratas cubanos es un signo que necesitamos en la hora presente, cuando a veces parece que solo podemos esperar el bien que la nación necesita de parte de aquellos que hasta hoy solo han hecho el mal. Creo que es oportuno y necesario ese gesto de inclusión y de ánimo para aquellos que también han apostado a la Esperanza contra toda esperanza.
Hay compatriotas que no quieren esta visita y hay compatriotas que no creen necesario un gesto del Papa hacia aquellos que han escogido trabajar por la libertad y la justicia desde el pacífico ejercicio de sus derechos ciudadanos, son puntos de vista que respeto. Yo por mi parte, deseo vivamente que el Papa vaya a Cuba, que la Virgen sea bendecida, coronada, aclamada como Madre Santísima de todos los cubanos, pero creo con toda humildad que ese bien sería mayor si se hiciera evidente, por parte de su Santidad Benedicto VXI, el consuelo y la confirmación en la Esperanza que los demócratas cubanos justamente reclaman y necesitan. Creo además, que esa bendición que ellos anhelan, puede ser recibida dignamente por las Damas de Blanco a nombre de todos los demócratas cubanos, ellas han sido madres, esposas, hijas, atentas al sufrimiento de los suyos, como la Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra, que ha estado atenta a nuestros sufrimientos como pueblo, un pueblo que sabe de su amorosa intercesión y ora ante ella.

“A Jesús por María la caridad nos une” es el lema que los obispos cubanos han escogido. Sí, que la Caridad nos una; que tengamos esa unidad auténtica que incluya y respete a todos los cubanos, como quiera que piensen, donde quiera que vivan; sí, que la Caridad nos una; que así sea.

 

PLEGARIA POR LA VISITA DEL PAPA FRANCISCO A CUBA

Plegaria por la visita del Papa Francisco a Cuba

Dios mío, ahora que se aproxima la visita del Papa Francisco a mis hermanos en Cuba quiero poner ante ti mis sentimientos y anhelos con la certeza de que Tú intervienes en todas las cosas para el bien de los que te aman. Te pido que ilumines a los que han trabajado para que se produzca este acontecimiento, para que puedan discernir el bien del mal, para que busquen, postrados ante ti, el bien de las almas y la salvación de la Patria.

“Patria es humanidad” dijo Martí y nuestro Pontífice visitará a un pueblo que se deshumaniza y sufre, responsables por ello somos todos, “Nadie está libre de pecado en cosas de Patria” afirmaba con justeza José Ignacio Rasco. Tenemos una responsabilidad como individuos y yo te pido que nos ayudes a comprometernos con nuestro destino como nación. Que nos ayudes a rebelarnos ante el mal y que la expresión de nuestra rebeldía se concrete en obras y no se reduzca a culpar a nuestros verdugos.

Tengo una limitada comprensión de tu omnipotencia y se me hace difícil esperar algo bueno de aquellos que nos han hecho tanto mal, pero Tú eres mi Dios y en Ti confío. Tu Hijo nos enseñó que han de crecer juntos el trigo y la cizaña, yo te pido, que en la confusión, la cizaña no oscurezca el trigo y que la compasión por los malvados no nos haga relativizar el mal u olvidar que existe. Una vez leí que “sacar un bien del mal es obra de los fuertes” y yo te pido que nos des la fortaleza de tu espíritu, y prudencia y valor en esta hora.

Ayúdanos Dios mío a escuchar al que piensa de un modo diferente y líbranos de juzgar sus motivaciones porque sólo Tú conoces lo que habita en el corazón de los hombres.

Líbranos de la arrogancia, ayúdanos a comprender que todo hombre puede tener acceso a la verdad, que el único modo de caminar hacia Ti, que eres la Verdad definitiva, es por la senda del respeto a la dignidad de las personas.

Si, Dios mío, ayúdanos a completar el milagro de la unidad, esa unidad en la diversidad que imploraba ante nuestra Madre María de la Caridad del Cobre el santo obispo Agustín Román.

Ayúdanos Señor a vivir con gozo la visita del Papa Francisco a nuestra Patria, permite que en este acontecimiento, además de los peligros y las acechanzas del mal, veamos también la oportunidad para que Tú obres en nuestros corazones. Ayúdanos conseguir la libertad, para que Cuba sea por fin una nación democrática y soberana, una nación en paz.

Bendice e ilumina de un modo especial al Papa Francisco y a nuestros pastores en Cuba y el Exilio, asístelos y ampáralos con tu Poder.

Mis dudas y anhelos las dejo en tus manos, con gran esperanza, porque confío en Ti.

Amén.